La llamada lengua materna no es sólo el primer idioma que una persona aprende en la infancia, sino un patrimonio cultural vivo que conecta al ser humano con su historia, su comunidad y su identidad más profunda.
Es transmitida de forma natural en el entorno familiar, principalmente por la madre o las figuras cuidadoras. Ésta lengua se convierte en el primer puente entre el individuo y el mundo que lo rodea.
Más allá de ser un medio de comunicación, la lengua materna constituye una memoria colectiva. En ella habitan los relatos ancestrales, las tradiciones, los valores y las formas de comprender la vida propias de cada pueblo. A través de sus palabras se transmiten costumbres, creencias, saberes populares y visiones del mundo que dan sentido a la existencia comunitaria.
Desde los primeros años de vida, las personas aprenden a hablar, sentir, pensar y pertenecer a una cultura determinada.
La lengua materna moldea la manera de interpretar la realidad, expresar emociones y relacionarse con los demás, fortaleciendo los lazos sociales y la identidad colectiva.
En un mundo cada vez más globalizado, proteger y valorar la lengua materna se convierte en un acto de preservación cultural. Defenderla es proteger la diversidad, la historia y la riqueza espiritual de los pueblos, reconociendo que cada idioma representa una forma única de ver y habitar el mundo.
En fin, la lengua materna, no es sólo un idioma: es herencia, raíz, memoria y cultura viva.
Escrito por Angélica Carmona, Logia Libertad N°12 de Quillota.


