Bernardo O’Higgins y su eterno cumpleaños

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Cada 20 de agosto, la memoria de Chile recuerda el natalicio de Bernardo O’Higgins Riquelme, nacido en 1778 en la ciudad de Chillán, figura señera del proceso emancipador y uno de los pilares fundacionales de la República. Su nombre se inscribe en los orígenes de la nación y en la voluntad irrenunciable de un pueblo por decidir su propio destino.

Bernardo O’Higgins encarnó la estatura moral de quien supo responder, con entereza y visión histórica, al llamado de su tiempo. Desde los días ardientes de la gesta independentista hasta el ejercicio del mando supremo como Director Supremo, asumió con inquebrantable determinación la responsabilidad de conducir a Chile por el camino de la libertad y la autodeterminación, aun cuando dicho sendero estuviera marcado por renuncias y profundos sacrificios personales. Su obra de gobierno se orientó a dar forma y solidez al Estado naciente, fortaleciendo el orden institucional, impulsando la educación y afirmando con dignidad la soberanía nacional.

En su accionar público se advierten principios de trascendencia universal como la defensa de la libertad vinculada al ejercicio responsable de la autoridad, la firmeza cívica y la probidad como cimiento del poder. Su concepción del mando trascendió la mera conducción política, entendiéndose como un acto de servicio, donde la autoridad cobra sentido cuando se orienta en beneficio del bien común y de la organización de la vida republicana.

La conmemoración de su natalicio invita a reflexionar sobre el deber, el liderazgo y la proyección de una vida guiada por principios inquebrantables. Su trayectoria permite comprender la magnitud de la responsabilidad pública y el peso de las decisiones.

Por eso es que la memoria de Bernardo O’Higgins debe perdurar como un referente en la conciencia colectiva, recordando que las grandes transformaciones históricas se forjan con constancia, disciplina y lealtad a ideales superiores, legado que  enseña que la huella más perdurable no se encuentra en la exaltación personal, sino en la obra realizada al servicio de la patria y de su pueblo, contribuyendo a la edificación de una comunidad más libre, justa y fraterna.

Adriana Fu, Corresponsal Logia Quiyalla Quich’ata N°45 de Arica.