El verdadero origen del Día de los Inocentes

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Cada 28 de diciembre se conmemora en distintos países el Día de los Inocentes. ¿Por qué existe esta fecha? ¿Qué hecho la origina? ¿Y cómo pasó de ser una conmemoración religiosa a una jornada de bromas y risas? 

La historia nos remonta a Judea, provincia que a fines del siglo I a. C. se encontraba bajo la influencia del Imperio Romano. En ese contexto gobernaba Herodes I “El Grande”, un rey conocido por su carácter paranoico y su extrema violencia. Según el relato bíblico, Herodes, temiendo perder su trono ante el anuncio del nacimiento del “rey de los judíos”, ordenó asesinar a todos los niños menores de dos años.

Este episodio, conocido como la Matanza de los Inocentes, está narrado en el Evangelio de Mateo (2:16–18), texto escrito aproximadamente entre los años 80 y 90 d. C. Cabe señalar que esta persecución solo aparece en esta fuente bíblica y que no existe evidencia histórica independiente ni análisis críticos que permitan comprobar el hecho como un acontecimiento documentado.

Sin embargo, algunos historiadores consideran que el episodio resulta verosímil si se observa el carácter y la trayectoria de Herodes. El monarca ordenó la ejecución de tres de sus hijos, mandó matar a su esposa Mariamme, persiguió y eliminó a líderes judíos y cometió numerosas atrocidades para asegurar su poder. Por ello, la matanza de los inocentes se entiende hoy como un episodio teológicamente significativo, coherente con la personalidad del rey, aunque no comprobado históricamente como hecho actual.

Entonces, ¿por qué se conmemora este día?
Fue la Iglesia, alrededor del siglo IV, la que fijó un calendario de festividades cristianas. En ese marco, los Santos Inocentes recibieron como fecha el 28 de diciembre, cercana a la Navidad y asociada simbólicamente a los primeros mártires.

Con el paso del tiempo, especialmente durante la Edad Media, muchas celebraciones religiosas comenzaron a mezclarse con fiestas populares. Surgieron jornadas en las que el pueblo podía invertir el orden establecido: reírse de la autoridad, criticar sin castigo y desobedecer normas por un día. Así nacieron celebraciones como la Fiesta de los Locos o la Fiesta de los Bobos, donde lo sagrado y lo profano convivían.

Estas tradiciones medievales, muy próximas en el calendario al Día de los Inocentes, terminaron fusionándose. Y con ello, la solemnidad religiosa fue cediendo terreno a una visión más lúdica y popular.

¿Cuál fue el aspecto esencial que prevaleció al finalizar la jornada?
Engañar al inocente. Ese fue el imaginario que se instaló: la burla permitida, la broma aceptada, el engaño sin mala intención. Ser “inocente” pasó a significar caer en una trampa divertida, y hacer bromas se convirtió en la forma de conmemorar la fecha.

Ahora bien, hay una regla no escrita que muchos respetan: las bromas solo valen hasta el mediodía. ¿Por qué? Porque, según la tradición popular heredada de Europa, quien sigue engañando después del mediodía deja de ser bromista y pasa a ser, irónicamente, el verdadero inocente. Desde esa hora en adelante, el que cae, cae solo.

Así, con el paso de los siglos, el origen religioso fue quedando en segundo plano y la tradición lúdica terminó por imponerse.

Hoy, el 28 de diciembre es sinónimo de risas, engaños y noticias falsas “con permiso”. La conmemoración religiosa quedó atrás, pero la fecha sigue recordándonos —aunque sea entre bromas— lo fácil que es engañar… y lo humano que resulta reírnos de ello.

Y recuerde, estimada lectora y lector: si le creen después de las 12:00… no es una broma. El inocente es usted.

Escrito por Marie-Astrid Stock De La Cerda, Corresponsal Logia Cantera del Maipo N°43 de Buin. 
Imagen: «La Virgen y el Niño rodeados de los Santos Inocentes» del pintor Pedro Pablo Rubens (1577-1640).