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El mejor residuo es el que no se genera

Mientras 735 millones de personas en el mundo sufren hambre, cada día los hogares desperdician más de mil millones de comidas lo que equivale a 1.3 comidas diarias para cada persona hambrienta en el mundo. Además, el desperdicio y la pérdida de alimentos generan entre 8% y 10% de los gases de efecto invernadero. 

Esa, entre muchas otras razones, llevaron a la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 29 de septiembre como Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos (PDA), con el propósito de sensibilizar a las personas sobre la importancia de reducir esta pérdida y contribuir así al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS.

Se define como pérdida a la merma de alimentos en cualquier parte de la cadena de suministro, ya sea en la etapa de producción, postcosecha, almacenamiento o procesamiento, es decir, antes de llegar a su fase de producto final o a la venta minorista. El desperdicio es la disminución de alimentos aptos para el consumo humano, que ocurre al final de la cadena alimentaria. Es decir, cuando los alimentos se pierden por malas decisiones de los comerciantes y consumidores. Se hace esta distinción para abordar las causas últimas del problema, a cuya solución pueden contribuir agentes de todo tipo, desde agricultores y productores hasta clientes y propietarios de tiendas.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano se desperdician lo que se transforma en un problema ético y moral.  

Cuando se pierden o desperdician alimentos, todos los recursos que se utilizaron para su producción -como el agua, la tierra, la energía, la mano de obra y el capital- se desaprovechan. La pérdida y desperdicio de alimentos también puede tener repercusiones negativas en la seguridad alimentaria y la disponibilidad de alimentos y contribuye a aumentar el costo de la alimentación, generando impactos sociales, ambientales y económicos.

En Chile, se botan a la basura más de 3.700 millones de kilos de comida al año, lo que equivale a más de 4.000 canchas de fútbol llenas de alimentos. 

Es necesario adoptar medidas a escala mundial, como invertir en tecnologías, innovación o buenas prácticas en la gestión y calidad de los alimentos. A nivel local, depende de nosotras cambiar nuestras costumbres para que no desperdiciar alimentos se convierta en un modo de vida. Para ello debemos tener en cuenta la prevención, es decir, evitar generar el residuo o al menos tratar de disminuirlo; podemos aplicar la estrategia de las 4 C: comprar, consumir, conservar y convertir, y de paso ahorrar dinero en bien de la economía familiar. 

Recomendaciones para evitar o disminuir la pérdida y el desperdicio de alimentos (PDA):

Adoptar una dieta más saludable y sostenible. 

Comprar sólo lo que se necesita. Planificando y elaborando una lista de comidas evitaremos realizar compras impulsivas. 

Elegir frutas y hortalizas “feas” es aplicar la recuperación alimentaria. No juzguemos a los alimentos por su apariencia o creamos que porque incumplan normas cosméticas arbitrarias, el sabor será el mismo. Utilicemos frutas maduras para preparar batidos, zumos y postres. 

Optimizar el almacenamiento de alimentos. Pasemos los productos más antiguos a la parte delantera del mueble o el frigorífico y coloquemos los nuevos en la parte trasera. Así, no tendremos que desechar alimentos vencidos.

Valorar las sobras. Si no comemos todo lo preparado, congelemos para más adelante o utilicemos las sobras como ingredientes de otras comidas.

Usar los alimentos desperdiciados. En lugar de tirar a la basura desechos de comida, podemos hacer compost con ellos y devolver nutrientes al suelo. De paso, reducimos nuestra propia huella de carbono.

Apoyar a los productores de alimentos locales. De esta manera contribuimos a la lucha contra la contaminación y disminuimos la huella de carbono, reduciendo las distancias que recorren los camiones y otros vehículos en el reparto.

Mantener limpios los suelos y el agua. Los desperdicios domésticos, potencialmente peligrosos y que no deben ir a nuestra basura, son las pilas, pinturas, medicamentos, químicos, neumáticos y cartuchos de tinta, entre otros. Si se filtran en los suelos y suministros de agua, perjudican a los recursos naturales con los que se producen los alimentos.

Escrito por Alejandra Carevic.
Departamento de Medio Ambiente y Sustentabilidad GLFCH.

Bibliografía:
https://minagri.gob.cl/noticia/ministro-s-de-agricultura-hace-fuerte-llamado-de-atencion-por-desperdicio-de-comida-los-chilenos-botan-3700-millones-de-kilos-de-comida-al-ano-y-desperdician-200-mil-por-persona/

https://www.fao.org/newsroom/story/15-quick-tips-for-reducing-food-waste-and-becoming-a-Food-hero/es

https://www.un.org/es/observances/end-food-waste-day

https://economiacircular.mma.gob.cl/desperdicio-de-alimentos/