Día internacional del Laicismo y Libertad de Conciencia 

0
348

Cada 9 de diciembre se conmemora el Día Internacional del Laicismo, una fecha que pasa casi inadvertida en la agenda pública, pero que recuerda uno de los pilares más decisivos de la vida democrática moderna. El laicismo no suele ocupar portadas ni generar celebraciones masivas, pero sin él muchas de las libertades que hoy damos por sentadas simplemente no existirían.

Hablar de laicismo no es hablar contra la fe. Es hablar a favor de la libertad de conciencia, del respeto entre personas distintas y de un Estado que no impone creencias ni privilegia dogmas. El laicismo no elimina la espiritualidad: la libera del poder.

Históricamente, la humanidad vivió largos siglos bajo la confusión entre lo sagrado y lo político. Reyes que gobernaban por “derecho divino”, iglesias que dictaban leyes, y sociedades en que la disidencia era castigada como herejía.

La modernidad no nació solo con máquinas y fábricas. Nació, sobre todo, cuando la razón comenzó a emanciparse del dogma. La Ilustración, la Revolución Francesa y más tarde la Ley de Separación entre Iglesia y Estado de 1905 en Francia marcaron un punto de no retorno: por primera vez, el Estado dejaba de ser confesional para convertirse en garante de la libertad de todos.

Chile no estuvo ajeno a ese proceso. Durante décadas, la Iglesia controló el matrimonio, los registros civiles, los cementerios y la educación. Las grandes reformas laicas del siglo XIX y la Constitución de 1925 abrieron el camino a un Estado formalmente laico. Sin embargo, un siglo después, sigue siendo legítimo preguntarse si hemos logrado una separación real o si aún arrastramos reflejos confesionales en nuestras políticas públicas. En especial, cuando se debaten temas como educación, derechos sexuales y reproductivos, diversidad familiar o financiamiento estatal a instituciones religiosas.

El laicismo no es una ideología más dentro del debate político: es el marco que hace posible todos los debates. Cuando el Estado se identifica con una creencia, la disidencia deja de ser un derecho para convertirse en una amenaza. Cuando el Estado es laico, en cambio, todas las convicciones pueden coexistir sin imponerse por la fuerza.

En este punto, la libertad de conciencia adquiere un valor central. No se trata sólo de permitir que cada quien practique su religión, sino de garantizar algo más profundo: el derecho a pensar por cuenta propia, a construir el propio sistema de valores sin presiones externas, a vivir sin miedo a que una verdad oficial defina lo correcto y lo incorrecto para todos.

Desde esta perspectiva, el laicismo no es anti-religión, es anti-imposición. No combate la fe, combate el poder que pretende usar la fe como herramienta de control. No niega la moral, exige que ésta nazca de la responsabilidad individual y no del mandato impuesto.

A lo largo de la historia de Chile, organizaciones civiles, educadores, pensadores y también la masonería han jugado un rol clave en esta lucha silenciosa por la autonomía del Estado y por una educación libre de dogmas. Gracias a esa historia hoy discutimos de derechos donde antes solo había prohibiciones.

Conmemorar el Día Internacional del Laicismo no es un acto simbólico vacío. Es una oportunidad para preguntarnos, honestamente, si estamos protegiendo ese espacio común donde nadie es más ciudadano que otro por razón de su fe o de su ausencia. Es también una invitación a recordar que los derechos conquistados no son irreversibles.

Hoy, cuando resurgen discursos integristas, cuando se intenta volver a someter las decisiones públicas a verdades absolutas, el laicismo vuelve a recordarnos una lección esencial: el Estado no está para salvar almas, está para garantizar libertades.

Tal vez por eso el laicismo no necesita altares ni rituales. Su fuerza reside en algo más simple y, a la vez, más profundo: permitir que cada persona sea dueña de su conciencia, sin tutelas, sin miedos, sin verdades obligatorias. Y en tiempos de polarización y fanatismos, esa puede ser, justamente, la libertad más necesaria de defender. 

Escrito por Ximena Espinoza Urtiza, Corresponsal Logia Ailyn N°18 de Puerto Montt.