
Cada 20 de julio, Colombia recuerda uno de los momentos más importantes de su historia: el inicio de un proceso que abrió el camino hacia la libertad y la construcción de una nación. Lo ocurrido en Santafé en 1810, entonces capital del Virreinato de la Nueva Granada, no fue solo un episodio político. Fue también una expresión de inconformidad, valentía y deseo colectivo de decidir el propio destino.
Aunque esta efeméride pertenece a la memoria colombiana, también dialoga con la historia de Chile y de toda América Latina. Nuestros países vivieron procesos distintos, con fechas, líderes y caminos propios, pero compartieron una misma pregunta esencial: ¿cómo construir pueblos libres, soberanos y capaces de pensar su futuro desde la dignidad?
Colombia es un país tejido por muchas voces, territorios, culturas y memorias. Desde sus montañas, ríos, selvas, mares y ciudades, la idea de patria no puede reducirse a un símbolo estático: debe vivirse como una responsabilidad compartida. Ser libres implica también aprender a construir juntos, incluso en medio de nuestras diferencias.
Desde Colombia y desde cualquier lugar del mundo, esta fecha nos recuerda que la libertad no es un símbolo inmóvil ni una bandera guardada en la historia. Es una tarea diaria. Como masonas, reconocemos en esta efeméride una invitación ética y moral a trabajar por una sociedad más consciente, más fraterna y más justa. La verdadera independencia no termina en una fecha del calendario; continúa cada día en nuestras acciones, en nuestras decisiones y en la forma en que contribuimos a la construcción de un mejor país y de una humanidad más libre.
Yessica Leaño, Comité Kether de Bogotá Colombia.


