La salud materna: una demanda de vida

0
382

“Para cambiar el mundo, es necesario cambiar la forma de nacer.”

— Michel Odent, obstetra francés.

Cada segundo miércoles de mayo, el mundo celebra el Día Internacional de la Salud Materna. La fecha fue proclamada en el V Encuentro Internacional Mujer y Salud, celebrado en Costa Rica como un llamado urgente a visibilizar y combatir la mortalidad materna.

La convocatoria fue impulsada por la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, reconociendo que la salud de las mujeres es un derecho humano universal, profundamente condicionado por factores sociales, económicos y culturales que determinan su acceso a una vida plena y autónoma.

El sistema tecnocrático: eficiencia vs. humanización
El modelo tecnocrático en salud surge de una epistemología que separa el cuerpo de la mente, la eficiencia del cuidado y el ser de su contexto social y espiritual. En la atención obstétrica, esto puede expresarse en la medicalización excesiva del parto, las altas tasas de cesáreas muchas veces injustificadas, la violencia obstétrica institucionalizada y la deshumanización de la experiencia del nacimiento. La mujer gestante deja de ser sujeto activo para convertirse en receptora pasiva de intervenciones.

La mayoría de las muertes maternas son prevenibles y se concentran en contextos de desigualdad, lo que evidencia que no se trata solo de un problema sanitario, sino también de justicia social. La salud pública, como campo crítico, tiene la responsabilidad de cuestionar este modelo y promover un enfoque de derechos que reconozca la agencia de las mujeres sobre sus propios cuerpos.

La matrona: guardiana invisibilizada del nacimiento
La matrona es una figura central en la atención en salud materna y neonatal. Mujeres depositarias de un saber encarnado, relacional y profundamente humano, que acompañan la llegada de la vida desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, dentro de sistemas de salud hegemónicos, su rol ha sido históricamente subvalorado, subordinado y reducido a funciones técnicas.

Esta subvaloración no es casual. Responde a lógicas patriarcales y jerárquicas que han desacreditado los saberes feminizados del cuidado. Restituir el protagonismo de la matrona implica no sólo reconocer su impacto en la reducción de la morbimortalidad materna y neonatal, sino también su rol en la humanización del parto, en la promoción de la autonomía de las mujeres y en la construcción de vínculos de confianza que ningún protocolo tecnocrático puede reemplazar.

El cuerpo como templo: una reflexión masónica
Desde la filosofía masónica, el cuerpo humano es concebido como el templo más sagrado que existe: la morada del espíritu, el lugar donde habita la conciencia, la voluntad y el amor. La masonería nos convoca a trabajar en nuestro perfeccionamiento interior como condición para contribuir al bien de la humanidad. En este sentido, el cuerpo de la mujer que gesta y da a luz es una expresión suprema de esta sacralidad: en él confluyen vida, transformación y amor.

Reconocer el cuerpo como templo implica tratarlo con reverencia. En salud materna, esto se traduce en el derecho a un parto respetado, a la información veraz, a la decisión libre e informada, y a ser acompañada por profesionales que comprendan el nacimiento no como un problema a resolver, sino como un proceso a acompañar con ciencia, ética y humanidad.

La Masonería Femenina, fundada en los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, sostiene con claridad que toda mujer, independientemente de su origen, etnia, condición socioeconómica o territorio, merece acceso equitativo a una atención materna digna. La desigualdad en salud no es un accidente: es el resultado de estructuras de poder que deben ser interpeladas y transformadas.

Desde la Masonería Femenina, este compromiso no es sólo simbólico, sino profundamente ético y político. Trabajar por la igualdad en salud materna es trabajar con el compás y la escuadra: midiendo con justicia y construyendo con verdad. Porque ninguna mujer debería perder la vida al dar vida.

Claudia Valenzuela González, Logia Araucaria N°1 de Santiago.
Departamento de Género GLFCH.