
Cada 26 de julio, Chile conmemora el Día Nacional de la Mujer Piloto, una fecha que reconoce la contribución de las mujeres al desarrollo de la aeronáutica nacional y que encuentra su fundamento histórico en un acontecimiento ocurrido el 26 de julio de 1930, cuando Graciela Cooper Godoy obtuvo su licencia de piloto civil, convirtiéndose en la primera mujer del país en alcanzar esta certificación.
La instauración oficial de esta conmemoración fue impulsada mediante una iniciativa legislativa tramitada en el Congreso Nacional, cuyo propósito fue rescatar una página significativa de la historia aeronáutica chilena y otorgar visibilidad a las mujeres que, desde los albores de la aviación, participaron en una actividad estrechamente vinculada al avance científico, tecnológico y humano.
La obtención de una licencia de piloto en las primeras décadas del siglo XX suponía exigencias técnicas considerables, puesto que la formación comprendía conocimientos de navegación aérea, meteorología, mecánica básica, reglamentación aeronáutica y maniobras de vuelo que, para la época, requerían una preparación excepcional. En ese contexto, el logro de Graciela Cooper trascendió el ámbito estrictamente aeronáutico, siendo una señal temprana de la creciente incorporación de las mujeres a espacios tradicionalmente reservados para los hombres.
A casi un siglo de aquel acontecimiento, la presencia femenina en la aviación chilena continúa ampliando sus fronteras en ámbitos tan diversos como la aviación comercial, la instrucción de vuelo, la gestión aeronáutica y la defensa nacional. Esta evolución ha sido acompañada por instituciones como la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y la Fuerza Aérea de Chile (FACH), y encuentra una de sus expresiones más significativas en un hito alcanzado en 2026, cuando la teniente Francisca Caces Arias se convirtió en la primera mujer chilena y sudamericana en graduarse como piloto de combate de un avión F-16, consolidando el legado de pioneras de la aeronáutica como Margot Duhalde, la primera piloto de guerra del país.
La aviación suele asociarse a la conquista de los cielos, pero su memoria narra la fractura de los sesgos históricos que confinaron el control tecnológico al patrimonio varonil. Esta transformación evidencia que el desarrollo colectivo se estanca mientras persistan estructuras que clausuran el potencial de la mitad de la población en razón de su género. Por tanto, la presencia en la cabina de mando subvierte la distribución tradicional del espacio público, demostrando que la lucidez estratégica y la capacidad de responder ante la crisis no son atributos biológicos vinculados al género, y que el firmamento constituye un bien común cuya gestión y disfrute pertenecen de forma inalienable a las mujeres.
Belén A. Bascuñán Berríos, Corresponsal Logia Mediodía N°49 de Santiago.
Departamento de Género GLFCH.


