Lo que el mundo nos está diciendo sobre los gatos

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“Y Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre”

Jorge Luis Borges

Cada 8 de agosto se celebra el Día Internacional del Gato, una efeméride instaurada en 2002 por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW), organización fundada en Estados Unidos. El propósito de esta fecha es recordar que la convivencia con los gatos requiere cuidado, responsabilidad y una mirada amplia de cómo habitamos el mundo con otros seres vivos.

Pero los gatos son especiales. Tanto, que tienen otras fechas de celebración: el 20 de febrero y el 29 de octubre, que refuerzan la misma idea desde distintos contextos.

El término “gato”, derivado de “cattus”, se asocia con habilidad, agudeza e ingenio. Y aunque algunos relatos mencionan que los antiguos canteros eran llamados “gatos” por su destreza escalando los altos andamios de las construcciones, no existe ninguna relación entre los felinos y la masonería. Sin embargo, esta efeméride es una oportunidad para reflexionar en torno a su presencia en nuestras vidas y entornos.

En mi caso, esta celebración me lleva inevitablemente a pensar en Filipo, el gato que llegó a mi vida antes del fin de la cuarentena por la pandemia de 2021. Nunca imaginé tener uno; no me gustaban los gatos, los asociaba con experiencias poco agradables de mi adolescencia. Pero una foto compartida en un chat laboral cambió esta percepción. Un pequeño gatito necesitaba un hogar. Desde entonces, Filipo se convirtió en parte de mi rutina y de mis espacios.

No soy su mamá, no es mi “hijo gatuno”, ni mi “gatihijo”. Es simplemente mi gato, dueño de la casa y de mis muebles, maestro de una forma de afecto que no exige, pero acompaña y me enseña a caminar con precaución. Lo amo y creo que él también me ama; digo “creo” porque con los gatos nunca se sabe. Su manera de comunicarse es directa: cuándo quiere comer, tomar sol, jugar o simplemente estar cerca. No habla, pero no lo necesita.

La presencia cotidiana de Filipo coincide con un fenómeno global: cada vez más personas suman a los gatos a sus familias, impulsadas por la urbanización, los espacios pequeños, el teletrabajo y la búsqueda de compañía tranquila. Pero este crecimiento convive con una realidad menos amable: la expansión de las poblaciones callejeras, marcada por el abandono. La situación de los gatos se ha convertido así en un indicador de cómo las sociedades entienden la convivencia y el cuidado.

Esta convivencia requiere responsabilidades concretas. Esterilizar, vacunar, no abandonar y educar en el hogar son acciones básicas que evitan problemas mayores. En Perú, las comunidades y gobiernos locales han avanzado en campañas de esterilización y vacunación. Organizaciones civiles complementan este trabajo con refugios, redes de adopción y educación pública.

El gato, en su aparente sencillez, nos recuerda que la convivencia humano-animal no es espontánea: requiere decisiones informadas, respeto y constancia. Su presencia en hogares y ciudades plantea preguntas sobre cómo cuidamos a quienes dependen de nosotros, incluso cuando no hablan nuestro lenguaje.

Filipo, en su vida cotidiana, encarna esta reflexión. Su compañía ordena mi día y me recuerda que el cuidado es una práctica silenciosa y profundamente humana. Y, gracias a él, soy feliz. ¡Cada día puedo, al menos simbólicamente, acariciar al tigre!

Darcy Valle, Logia Lichkay N°28 de Lima, Perú.