Discurso Gran Maestra en Fraternitas 2025

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Fraternitas de la República aspira a ser un lugar de confluencia de los distintos componentes sociales y políticos que conforman nuestra nación ante los que la Masonería Chilena, basada en sus principios y valores fundantes, expresa su pensamiento, sus reflexiones, sus anhelos y sus buenos deseos, de manera verbal y simbólica, en un afán de colaboración por el bien de todas y todos los que vivimos en este país.

En ese sentido, nos preocupa la justicia como un valor trascendental. Para la Masonería, la justicia no es solo un concepto legal, sino que es una virtud que guía el comportamiento y las relaciones entre las personas. Se manifiesta por el respeto a los procesos y a las estructuras, por la búsqueda de la verdad y por la permanente promoción del bien común, apuntando a un equilibrio entre los derechos y deberes de cada cual impulsando relaciones justas y equitativas. También distinguimos el concepto de justicia social que significa dar a cada uno lo que le corresponde, tanto en lo individual como en lo colectivo.

De acuerdo a una publicación del Laboratorio Mundial de la Desigualdad de 2024 que cuenta con 40 investigadores en sus sedes de París y California y más de 200 investigadores alrededor del mundo, en Chile el 1% más rico de la población capta un 24% del ingreso nacional.

Por ello, como sociedad debemos generar un diálogo que apunte a solucionar estas brechas más allá de las posturas políticas e intereses corporativos. A través del diálogo y la cooperación deberíamos ser capaces de anteponer la generosidad y el bien común sobre el individualismo, la codicia y la ambición desmedida…, es imperativo que trabajemos en aumentar nuestros niveles de tolerancia y disminuir nuestra cantidad de prejuicios para poder sentarnos a conversar.

El segundo aspecto sobre el que queremos llamar vuestra atención es la probidad. Hace 30 años el profesor de derecho administrativo de la UC Jorge Reyes Rivera publicó un artículo en el que señalaba que la probidad debe abordarse desde una perspectiva de nación, en consecuencia es incorrecto o no procede aplicar este principio sólo a la administración pública o al estado.

Añadía que la conducta ética debiera caracterizar al ser humano en todas los ámbitos, de su existencia: pública, privada y societaria, es decir, en su comportamiento individual y colectivo y que los factores de riesgo para las faltas a la probidad eran la exagerada inclinación por los bienes materiales, la falta de vocación y las remuneraciones insuficientes.

Desde hace un tiempo venimos observando un escenario de descomposición del tejido social, en el que emergen con fuerza la corrupción y la violencia.

Tomar conciencia e informarse sobre este flagelo es una responsabilidad de todas y todos, para identificar correctamente dónde y quiénes están faltando a la ética. Al respecto, un libro recientemente publicado por el fiscal Carlos Gajardo, (que tiene un título muy gracioso) “Somos tontos hasta las 12” expone casos de corrupción y además propone varias mediadas anticorrupción entre las que deseo destacar la facilitación del levantamiento del secreto bancario como lo promueve la OCDE y la creación de una fiscalía supraterritorial contra la corrupción. La probidad es un valor que se traspasa a través de la educación en la familia y en el aula. La corrupción es un antivalor que afecta a la sociedad y desgasta la democracia.

El tercer pilar de nuestro mensaje este año es el respeto, que al igual que la probidad, es un valor que se debe inculcar desde la infancia más temprana. Para la Masonería, la libertad de pensamiento es otro de los valores fundamentales que sustenta nuestro actuar. Desde esa perspectiva sostenemos que el respeto se debe manifestar en todos los planos, cultural, social, político, religioso y de género, aceptando la diversidad como un hecho real.

En lo cotidiano observamos que las conductas irrespetuosas se han ido instalando de manera preocupante en nuestro país. Abundan los ejemplos de descalificación en el debate público mediante la utilización de declaraciones desafortunadas como denostar a una candidata a la presidencia de la república cuestionando el estado de su salud mental, o que en una columna de un medio escrito el autor se pregunte sobre otra candidata si “entiende algo de lo que está hablando” o que un candidato se alegre de que ciertos trabajadores tengan más recursos económicos para “enchular a la vieja”. Estas expresiones sólo consiguen normalizar un trato irrespetuoso, que dan origen a conductas imitativas por quienes las leen o escuchan. Aprovecho este espacio para manifestar nuestro total rechazo como mujeres y como masonas a la misoginia junto con sus expresiones verbales y a todo tipo de violencia contra las mujeres.

En el contexto de un año eleccionario, hacemos un llamado para que la competencia se realice en un marco de respeto, en el que se confronten ideas y propuestas de solución a los problemas más graves que aquejan al país, en oposición a descalificaciones entre unos y otros.

Del mismo modo, la falta de justicia y probidad van provocando una sensación de pesimismo, desaliento y desesperanza, las que nos van permeando, resultando en una sociedad temerosa, desconfiada, carente de alegría y de creatividad.

Para concluir, cito a la filósofa española Adela Cortina respecto de la ética, que proviene de la palabra carácter. “Nacemos con un temperamento, pero las personas, las instituciones y los pueblos nos vamos construyendo un carácter por repetición de actos. De eso trata la ética: de la forja de un buen carácter. Pero ¿qué quiere decir forjarse un buen carácter, una buena ética? A lo largo de la historia dos candidatas se han ido ofreciendo como orientaciones para forjarse un buen carácter: justicia y felicidad. Una institución que no pretenda ser justa es ilegítima, una sociedad que no pretenda ser justa es una sociedad inhumana. Las personas además de ser justas tienen que poder soñar con ser felices. Por eso las instituciones han de establecer las bases de justicia indispensables para que las personas puedanproyectar su felicidad como libremente les parezca el concepto, siempre que no atenten contra la felicidad de los demás”.

Las masonas como obreras de paz llamamos a la restauración de estos valores, mediante un diálogo tolerante y respetuoso, entendiendo que pensar diferente no significa ser enemigos, para retomar la construcción de un Chile más sano, más digno, verdaderamente democrático e igualitario.

Por Soledad Torres Castro
Gran Maestra Gran Logia Femenina de Chile