Día de las Montañas: ascender en conciencia

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El Día Internacional de las Montañas se conmemora cada 11 de diciembre, en una fecha establecida por Naciones Unidas, como parte de un compromiso global adquirido durante la Cumbre para la Tierra de 1992, que se celebró en Río de Janeiro. 

En ese foro se reconoció por primera vez la urgencia de proteger los ecosistemas montañosos, consagrando su cuidado en el capítulo 13 del Programa Agenda 21, titulado “Ordenación de los Sistemas Frágiles: Desarrollo Sostenible de las Zonas de Montaña”. Así, se sentaron las bases para una comprensión integral de las montañas no como meras formaciones geográficas, sino como sistemas vitales y vulnerables que requieren atención y gobernanza específicas. 

Una década después, la Asamblea General de la ONU formalizó esta conciencia al proclamar 2002 como Año Internacional de las Montañas y, a partir de entonces, el 11 de diciembre como su día internacional permanente.

Las montañas son vitales para la biodiversidad del planeta, albergan una riqueza biológica extraordinaria y aproximadamente la mitad de los puntos críticos de biodiversidad mundiales. Actúan como refugio de innumerables especies endémicas que no existen en ningún otro lugar. Simultáneamente, cumplen un rol indispensable como “torres de agua” del mundo: de sus cumbres y glaciares se origina entre el 60% y el 80% del agua dulce del planeta, recurso del que dependen directamente más de la mitad de la humanidad para consumo, agricultura e industria. 

Sin embargo, esta importancia contrasta con su extrema fragilidad. Las montañas son especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático, sufren un rápido y visible retroceso de sus glaciares -auténticos bancos de agua sólida- y experimentan un aumento en la frecuencia e intensidad de desastres naturales como corrimientos de tierra e inundaciones, que amenazan tanto a las comunidades locales como a las poblaciones aguas abajo.

La ONU hace un llamado a la acción multidimensional que incluye: empoderar a las comunidades de montaña, históricas guardianas de estos territorios; a invertir en tecnologías verdes y prácticas de adaptación climática; a apoyar medios de vida sostenibles que armonicen la actividad económica con la conservación; y proteger activamente estos frágiles entornos mediante políticas públicas e internacionales coherentes. La supervivencia de las montañas es, en definitiva, un asunto de seguridad humana global.

Para conmemorar este día -de manera personal y significativa- podemos emular su esencia ascendiendo física o simbólicamente un cerro o montaña cercana. Esta acción puede materializarse en una caminata responsable, practicada con un profundo respeto por el entorno, o trasladarse a la esfera personal asumiendo un desafío que constituya un progreso en nuestro propio desarrollo: superar una limitación o aprender algo nuevo. Es un momento propicio para la reflexión en soledad, para escuchar el silencio único de las alturas y, desde allí, comprometernos activamente. 

Este compromiso puede tomar muchas formas: informarnos rigurosamente, apoyar decididamente el turismo y el consumo sostenible de productos originarios de la montaña, o convertirnos en voces que difundan la necesidad urgente de su conservación.

Simbólicamente, la montaña representa el arquetipo universal del viaje de superación y la búsqueda de una perspectiva superior. Esta concepción guarda una profunda y elocuente relación con los valores masónicos. La ascensión gradual y laboriosa hacia la cima es una metáfora perfecta del trabajo que realizamos en el que cada escalón y cada esfuerzo, requieren perseverancia y fortaleza interior para tallar el carácter y dominar las pasiones. 

La cima, bañada por la luz clara y diáfana, simboliza la búsqueda constante de la verdad y el conocimiento, un faro que guía el camino. Alcanzar esa meta, aunque sea de manera figurada, otorga una visión ampliada y serena del mundo, fomentando la fraternidad universal -un pilar masónico- que debe extenderse, en la práctica, a la solidaridad concreta y necesaria con las comunidades que habitan las montañas.

Finalmente, la solidez imponente y permanente de la montaña refleja el interior que cada masona se esfuerza por construir: una estructura moral firme y elevada. Este símbolo nos recuerda nuestra responsabilidad colectiva como custodios nuestro planeta, del cual los ecosistemas montañosos son pilares esenciales e irremplazables. 

El Día Internacional de las Montañas se convierte entonces en una invitación a unir el progreso interior con la acción exterior, en un compromiso ético por la preservación de estas majestuosas catedrales de la naturaleza.

Escrito por Catalina Restrepo Zapata, Logia Acacia N°2 de Santiago.
Departamento de Sustentabilidad y Medio Ambiente.