Cóndor Andino: El gigante del cielo

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Más allá de las historias ancestrales de los pueblos originarios, cada 7 de julio, se conmemora el Día Mundial del Cóndor Andino, ave propia del continente sudamericano. El propósito es destacar lo importante de permanencia equilibrada de dicha especie en los ecosistemas de los Andes, abarcando países como Argentina, Chile, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

Estas aves tienen características fabulosas: su peso ronda entre los 7 a 15 kilogramos, su longitud puede abarcar entre los 97 y 128 centímetros de acuerdo con fuentes de la National Geographic. 

Lamentablemente, es un animal constantemente amenazado, principalmente por el consumo de cebos con toxinas que son empleados para capturar otras especies nativas de la región.

De su existencia depende principalmente la eliminación de los agentes infecciosos que se acumulan en los restos de animales muertos que son su principal alimento en su condición carroñeros.

Es imprescindible brindar una vital protección a las hembras durante el proceso de incubación de los huevos para que las crías nazcan sin problemas. Para ello, debemos respetar su hábitat y mantener distancia de ellos

En Chile, existen varias organizaciones involucradas en la protección del medio ambiente y, particularmente, del cóndor andino. Entre ellas: Fundación Rewilding Chile, Fundación Cóndor Andino Ecuador, Zoológico Mundo Safari en Venezuela que lidera actualmente un programa para la reproducción en cautiverio y reintroducción de la especie en el estado Mérida para salvarla.

«Decidí subir a las montañas más altas de mi hermosa cordillera de los Andes, estaba exhausta, sólo quería tocar el cielo y encontrar respuestas.

De pronto, me giré en la cama y supe que estaba viviendo un hermoso sueño lúcido. Decidí no parar, integrarme aún más en aquella realidad y conscientemente seguí subiendo.

En mi mente, aparece una voz que me dice: ¡Hoy es 7 de julio!… sigue subiendo.

Llegué a la cima de una de tantas montañas y vi alrededor un cielo azul ¡Impecable! ¡Extraordinario!

Dejo en el suelo lo que aparentemente venía cargando sobre mis hombros y sólo me siento a observar, a respirar, a vivir ese instante. Miro hacia al cielo y comienzo a escuchar un silbido en el viento…me quedo sin aire al ver que el sonido lo producía el constante movimiento de las alas de una ave majestuosa… ¡era un cóndor! Mensajero divino entre el mundo terrenal y el mundo espiritual.

Tal fue mi sorpresa que desperté de tan hermoso sueño».

Verónica Ceballos Blanco, Logia Acacia N°2 de Santiago.
Departamento de Sutentabilidad y Medio Ambiente.