
Cada 12 de agosto, el mundo celebra el Día Internacional de la Juventud, una fecha que nace como reconocimiento a que los jóvenes no solo son el futuro, sino también actores fundamentales del presente. Y quizás ahí está una de las primeras preguntas que debemos hacernos: en el presente que construimos hoy, ¿qué futuro entregaremos a nuestros jóvenes?
Esta efeméride busca instalar en la agenda pública los desafíos, derechos y aportes de las nuevas generaciones, reconociendo que las oportunidades que una sociedad entrega hoy tienen una incidencia directa en las personas que mañana serán protagonistas de ella.
En 1998, la Conferencia Mundial de Ministros Responsables de la Juventud, realizada en Lisboa, Portugal sentó las bases para establecer esta fecha como símbolo del compromiso internacional con las políticas de juventud. Un año después, en 1999, las Naciones Unidas establecieron oficialmente el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud.
La preocupación por los jóvenes, sin embargo, no es reciente. En 1965, las Naciones Unidas reconocieron su papel como promotores de la paz y del entendimiento entre las naciones. Durante la década de los setenta, la juventud comenzó a ser abordada desde tres grandes ejes: participación, desarrollo y paz, conceptos fundamentales para la construcción de las políticas internacionales de juventud.
Ya en los ‘90 – en medio de importantes transformaciones sociales, culturales y tecnológicas- persistían desafíos como el desempleo juvenil, las desigualdades en el acceso a la educación, la violencia, los conflictos armados y los problemas asociados al consumo de drogas.
Aún hay mucho por hacer
Tres décadas han pasado y la deuda sigue presente con aquellos que no tienen las mismas oportunidades de estudiar, con quienes crecen en contextos de pobreza y exclusión, con quienes viven en familias marcadas por el consumo problemático de drogas y con quienes quedan expuestos a entornos donde la violencia y la delincuencia terminan apareciendo como alternativas posibles frente a la falta de oportunidades.
Por eso, cuando hablamos de juventud no podemos limitarnos a hablar de edad. También significa hablar de oportunidades, educación, participación, dignidad y futuro. Reconocer su capacidad para innovar, participar en la vida democrática, impulsar el desarrollo sostenible y contribuir a la construcción de comunidades más justas e inclusivas significa también confiar en ellos y abrir espacios para que sean protagonistas.
Toda sociedad que invierte en su juventud está colocando una nueva piedra en la construcción del Templo de la Humanidad. No se trata solamente de formar jóvenes, sino personas capaces de construir, desde el presente, paz, desarrollo, diálogo y participación, para que mañana puedan convertirse en mejores ciudadanos y avanzar hacia una comunidad más libre, más igualitaria y más fraterna.
Por esta razón, cada año el Día Internacional de la Juventud pone el foco en distintos desafíos. Pero el mensaje de fondo permanece: la juventud no representa únicamente el futuro de la sociedad; también es una fuerza transformadora del presente.
Porque algún día esos jóvenes serán adultos y tendrán en sus manos las herramientas para construir el futuro. El futuro se construye con las oportunidades que somos capaces de entregar hoy a todos los jóvenes.
Marie-Astrid Stock De La Cerda, Corresponsal Logia Cantera del Maipo N°43 de Buin.


