María Luisa Bombal: La escritora que escribió de copihues blancos

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Hay mujeres que, antes de que existieran palabras para nombrarlo, ya recorrían el camino en búsqueda de su propia libertad. María Luisa Bombal fue una de ellas. Nacida en Viña del Mar en 1910, esta escritora chilena construyó una obra literaria que, sin haber pisado nunca una logia, resonó con valores que reconocemos como propios: la búsqueda de la verdad interior, la dignidad femenina, el coraje de disentir y la convicción de que el mundo visible no agota la realidad.

Desde niña eligió su propio camino. Cuando su tío le reprochó que escribiera sobre copihues blancos en vez de rojos, ella simplemente siguió escribiendo sobre copihues blancos. Esa imagen, pequeña y precisa, resume toda su actitud ante la vida: fidelidad a sí misma por sobre las expectativas del entorno. Formada en Francia, lectora voraz, participante activa de los círculos intelectuales de su época, Bombal eligió una escritura que daba la espalda al criollismo imperante para adentrarse en “la íntima, secreta historia de las inquietudes y motivos” que mueven a las personas. La verdad que le importaba no era la del hecho externo, sino la del mundo interior.

Sus personajes femeninos encarnan esa búsqueda con una hondura que todavía conmueve. Son mujeres incomprendidas, sensibles, portadoras de una vida interior rica y silenciosa, que intentan defender su libertad y su condición en un mundo que no las ve ni las escucha. En “La última niebla”, una mujer soporta una existencia gris refugiándose en el sueño o en la memoria de un amor que quizás solo existió en su mente; en “El árbol”, Brígida encuentra su único amparo en un gomero que sombreaba su ventana, y cuando lo derriban, toma la única decisión que le queda: la de irse. En “La amortajada”, una mujer muerta observa a los vivos que la rodean y, desde esa frontera entre dos mundos, anhela por fin la libertad absoluta: la de dejar de existir para los demás.

Bombal no teorizó sobre feminismo ni sobre libertad; simplemente los vivió y los escribió. Lo hizo fumando y bebiendo en público cuando eso escandalizaba a la sociedad. Lo hizo disparándole al hombre que le rompió el corazón, asumiendo las consecuencias. Lo hizo escribiendo en la cocina del departamento de Neruda una novela que la inmortalizaría. Y lo hizo con una prosa que más parece poesía: precisa, penetrante, llena de imágenes que se instalan en la memoria del lector como sueños que no se olvidan.

Su vida no tuvo un final luminoso. Sus últimos años transcurrieron entre el abandono y la enfermedad, sin recibir el Premio Nacional de Literatura que muchos intelectuales reclamaron para ella, negado por la dictadura que gobernaba Chile. Falleció en 1980. Esa negación póstuma no hace sino subrayar lo que ya sabíamos: las personas que piensan libremente suelen incomodar al poder.

Para quienes trabajamos en la construcción de una humanidad más justa, consciente y libre, la obra de María Luisa Bombal ofrece un espejo singular. No vino de nuestras filas, pero sus preguntas son las nuestras: ¿Qué significa ser mujer en un mundo que no la reconoce como igual? ¿Cómo se preserva la identidad propia frente a las presiones del entorno? ¿Cuánto de lo que llamamos realidad es construido por los otros? Sus respuestas no están en tratados ni en discursos, sino en personajes de ficción que siguen hablando décadas después. Esa es, quizás, la forma más duradera de dejar una luz encendida.

Ginet Leiva, Corresponsal Logia Cruz del Sur N°6 de Santiago.