Día Mundial de la Bicicleta: movilidad amable con el planeta

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La invención de la bicicleta, en 1817, se atribuye al barón alemán Karl Drais. A lo largo del siglo XIX se fue perfeccionando hasta llegar a los modernos vehiculos que usamos hoy. Pero no fue hasta el 3 de junio de 2018 que la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció públicamente su relevancia a través del Día Mundial de la Bicicleta, cuyo fin es promover el bienestar colectivo y la lucha contra el cambio climático.

El impacto del uso regular de la bicicleta en el bienestar humano es integral y preventivo. Por ejemplo:

En el ámbito físico y cardiovascular, pedalear eleva la frecuencia cardíaca, reduce la presión arterial, disminuye el colesterol LDL y optimiza la capacidad pulmonar mediante el aumento del volumen máximo de oxígeno (VO₂ máx.) 

Al absorber el sillín el 70% del peso corporal, se protegen las articulaciones mientras se fortalecen grandes grupos musculares de piernas y abdomen. 

En lo relativo a la salud mental, la actividad aeróbica gatilla la liberación de endorfinas, dopamina y serotonina, mitigando la ansiedad, el estrés y regulando los ritmos circadianos para un sueño profundo. 

Asimismo, controla el peso basal mediante quemas de hasta 700 calorías por hora, optimizando la sensibilidad a la insulina y estimulando el sistema inmune. 

Podemos encontrar también analogías con altos principios y valores. Una ley física fundamental para avanzar con la bicicleta es mantener el equilibrio, que consiste en un estado dinámico asociado simbólicamente al perfeccionamiento continuo, basado en la estabilidad emocional y espiritual que conduce a un pensamiento, sentimiento, palabra y acción Rectos. 

Además, conducirla implica un esfuerzo constante que involucra también la fuerza interior que conduce al desarrollo moral. Paralelamente, el pedalear se liga con la libertad, con el libre albedrío, la autogestión, el autocontrol y la responsabilidad personal sobre el propio avance y progreso. 

La ciclovía nos recuerda que todos los humanos viajamos en el mismo plano de igualdad, despojados de los privilegios y jerarquías materiales que otorga un automóvil. 

El uso de la bicicleta implica, además, un acto de respeto hacia la naturaleza y el resto de los seres vivos. Descongestiona el tránsito y disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero así como la contaminación acústica. Es un ejemplo práctico de la fraternidad y la filantropía.

Con el pedaleo prolongado y de larga distancia se aprende a regular las energías haciendo uso de la templanza, se aprende a disfrutar de la belleza del camino y se pone en práctica el uso de una mente clara y enfocada, condiciones esenciales para acercarse a la sabiduría.

Kárin Espinoza Godoy, Logia Generación Fraternal N°41 de Santiago
Departamento de Sustentabilidad y Medio Ambiente GLFCH
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