Los océanos: un mundo que no conocemos

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El Día de los Océanos tiene su origen en iniciativas ciudadanas de principios de los años 90 y fue fortalecido por los debates ambientales de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992). En 2008, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró oficialmente el 8 de junio como fecha para sensibilizar y promover la protección de los océanos. 

Los océanos son fundamentales para la vida en la Tierra: regulan el clima y absorben una parte significativa del dióxido de carbono y del exceso de calor generado por la actividad humana; sostienen una enorme biodiversidad y pesquerías que alimentan a millones de personas; y proporcionan servicios esenciales como el transporte, el ciclo del agua y medios de vida para comunidades costeras. Desde una mirada de sustentabilidad ambiental, el océano debe entenderse como un sistema vivo y finito que requiere manejo integrado y a largo plazo: conservación de hábitats críticos como manglares, arrecifes y praderas marinas; pesca responsable; reducción y control de contaminantes terrestres y marítimos; y mitigación del cambio climático mediante políticas basadas en evidencia, educación comunitaria y participación ciudadana. 

Muchas de las iniciativas ciudadanas que impulsaron esta agenda surgieron de campañas y acciones concretas: jornadas de limpieza de playas y recopilación de datos como la International Coastal Cleanup de Ocean Conservancy; proyectos de ciencia ciudadana y monitoreo de arrecifes como Reef Check; y redes educativas y de movilización como The Ocean Project y World Ocean Network. A ello se suman múltiples campañas locales en escuelas y comunidades que visibilizaron la contaminación por plásticos, promovieron prácticas de pesca sostenible y presionaron a gobiernos por regulaciones más estrictas. Esa confluencia de campañas, monitoreos ciudadanos y presión social fue clave para que la problemática pasara de la agenda comunitaria a la decisión política internacional. 

Para evitar que nuestras acciones afecten negativamente los océanos es crucial reducir el uso de plásticos de un solo uso adoptando botellas y envases reutilizables; disponer adecuadamente aceites, fármacos y productos químicos; elegir productos de limpieza biodegradables y promover el reciclaje. También es importante consumir pescado y mariscos con certificaciones de sostenibilidad y preferir productos locales y de temporada; participar en jornadas de limpieza y en proyectos de restauración de ecosistemas costeros; y apoyar y exigir políticas públicas que protejan áreas marinas, regulen la pesca y controlen vertidos industriales. 

En relación con los “humos” y las emisiones que inciden indirectamente en el estado de los océanos, es imprescindible reducir la quema de combustibles fósiles, ya que las emisiones de gases de efecto invernadero causan calentamiento y acidificación del mar; promover el uso de energías renovables; y respaldar normas que limiten emisiones industriales y mejoren el control de efluentes atmosféricos. 

Nuestros valores masónicos de fraternidad, responsabilidad, integridad y servicio al bien común encuentran en esta causa una expresión práctica: proteger los océanos es un acto de responsabilidad intergeneracional y solidaridad. Implica educar, organizar y movilizar a nuestras comunidades con ética y compromiso, y apoyar políticas justas que garanticen el bienestar colectivo. La protección del océano requiere obras continuas, precisión moral y trabajo conjunto; sabiduría para comprender, fuerza para actuar y belleza para preservar. El cuidado del medio ambiente es, a la vez, una labor técnica y un deber ético.

Catalina Restrepo Zapata, Logia Acacia N°2 de Santiago.
Departamento de Sustentabilidad y Medio Ambiente.