El libro como puente entre épocas, culturas y generaciones

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Cada 23 de abril, el mundo conmemora el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Establecida por la UNESCO en 1995 para honrar la literatura, promover la lectura y proteger la propiedad intelectual, esta fecha coincide con el fallecimiento de tres pilares de la literatura universal: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, cuyas obras siguen inspirando a lectores de todas las épocas.

En Chile, la celebración del libro tenía un origen propio: Desde 1927, se conmemoraba el 29 de noviembre, día del natalicio de Andrés Bello, figura fundamental en la cultura y educación de nuestro país. Este antecedente, nos recuerda la importancia de valorar nuestras tradiciones literarias locales junto a las globales.

Cada libro que hemos leído a lo largo de nuestra vida sea por obligación académica o por el placer de explorar nuevos mundos, ha abierto una ventana a otras experiencias que tal vez nunca vivamos.

¿Y qué sucede cuando nos disponemos a leer un libro?
Nos encontramos con un micro o macrocosmos en el que conviven dos planos:
El plano real en el que interactúan el autor, la obra y el lector, formando una tríada esencial: el autor crea, la obra existe como objeto cultural y el lector le da vida con su interpretación. Y un plano irreal, pues al sumergirnos en la lectura activamos un mundo imaginario, guiado por un narrador que puede ser omnisciente, testigo o personaje e incluso con múltiples narradores. Este mundo es una mímesis de la realidad, pero también un espacio único, dirigido a un «ente imaginario».

Por ejemplo: cuando leemos El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, no sólo conocemos la España del siglo XVII. Además, nos adentramos en un universo cuyos valores o principios forman parte de nuestros ideales masónicos: Luchar contra la injusticia, hacer el bien, buscar la verdad, mirar al otro como igual, ser fraterno, etc.

Estas obras además de entretenernos, cumplen una función didáctica e incluso pueden transformarnos. ¿Y cómo ocurre esto? Desarrollan nuestro pensamiento crítico, la empatía y la creatividad. Es más, en un mundo donde la información es efímera, los libros siguen siendo faros de profundidad, capaces de inspirar cambios personales y sociales.

¡Celebremos entonces la diversidad de voces, la libertad de expresión y el poder de las palabras para construir un mundo mejor!

Angélica Carmona, Corresponsal Logia Libertad N°12 de Quillota.