Solsticio de Invierno

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El Solsticio de Invierno de acuerdo con su definición astronómica, corresponde al instante en que la posición del sol en el cielo se encuentra a la mayor distancia angular del ecuador celeste. 

Cualquiera sea el hemisferio del que tratemos, el efecto que produce el solsticio de invierno es el mismo: tener la noche más larga y el día más corto del año; y como ya sabemos es un fenómeno derivado del movimiento de traslación de la Tierra en su curso alrededor del Sol.

Al conmemorar los solsticios, la masonería reverdece el encanto y misterio de la estrecha relación que existe entre el ser humano y la naturaleza. Desde épocas remotas, culturas tanto cristianas como paganas han celebrado los solsticios, principalmente por su influencia en la agricultura. Este momento era considerado por muchas culturas –como la de los griegos, romanos, celtas, incas, mapuche, entre otras– como el inicio del año, las que asumieron este fenómeno desde muy temprano resaltando en todas ellas como elemento denominador común, el establecimiento de distintas prácticas mágico–religiosas de veneración mítica del sol, astro al que identificaban como benefactor y dador de vida.

Los solsticios, junto con los equinoccios,  marcan cuatro puntos de cambio en el viaje solar a lo largo de las estaciones. Estos cuatro puntos simbolizaban los hitos que marcan la vida en la naturaleza: el nacimiento, el crecimiento, la madurez, la muerte (que conlleva la regeneración).

Para la masonería el solsticio de invierno es un gran símbolo natural de la muerte y el renacer, no olvidemos que en la muerte yace la semilla del espíritu que florecerá en la primavera y culminará en el esplendor del solsticio de verano.

Así, la luz representa una transición desde las tinieblas de la densa ignorancia hacia un estado de mayor sabiduría. Por momentos nos parecerá que estamos en tinieblas, proceso necesario para tener siempre la esperanza de encontrar la luz que nos llevará a construir un camino de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Nos reunimos para celebrar el solsticio de invierno, fortaleciendo nuestra cadena de unión, volviendo nuevamente a comprender y recordar cómo la Masonería nos enseña este ir y venir del Sol. 

El Solsticio de invierno nos indica que el esfuerzo personal de mejorar nuestra condición humana y crecer tanto intelectual como espiritualmente, no se produce solamente en un continuo ritmo ascendente, en cierto momento el trabajo decae y el ánimo merma, por eso pulir nuestra Piedra Bruta se hace aún más relevante para hallar la fuerza emergente del pensamiento masónico.

Esta es una solemne ceremonia de reflexión, recogimiento, esperanza, fe en nosotras mismas, somos capaces de construir, de elevar nuestros pensamientos guiadas por la Sabiduría que ilumina, la Fuerza que ejecuta y la Belleza que adorna cada una de nuestras acciones. Nos da la oportunidad de re-conectarnos, de reflexionar acerca de las cuatro estaciones del año pasadas y que con el nuevo Sol que nace purificarnos, agradecidas y convencidas de un futuro mejor para la Humanidad, viviendo de acuerdo a nuestros principios masónicos.

Por Marcela Pérez Lienqueo, Logia Aurora de Los Ángeles N°42.