Día de las Mujeres Rurales: Semillas de cambio, raíces de futuro

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Cada 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Rurales, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007 y celebrado por primera vez en 2008. Su propósito es reconocer la contribución de las mujeres rurales, incluidas las mujeres indígenas, al desarrollo de sus comunidades, la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza.

Esta conmemoración nos invita no solo a valorar su trabajo, sino también a reflexionar sobre las profundas desigualdades que aún enfrentan y sobre la necesidad de garantizar el pleno ejercicio de sus derechos.

Las mujeres rurales son agricultoras, campesinas, temporeras, artesanas, emprendedoras, cuidadoras y dirigentes comunitarias. Su trabajo sostiene economías familiares, preserva conocimientos ancestrales, protege la biodiversidad y contribuye decisivamente a la alimentación de millones de personas. Son mujeres que siembran y sueñan con el futuro.

Sin embargo, pese a su enorme aporte, continúan enfrentando barreras para acceder a la propiedad de la tierra, al financiamiento, la educación, la tecnología y los espacios de decisión. A estas desigualdades se suma una distribución injusta de las tareas domésticas y de cuidado, que muchas veces limita sus posibilidades de desarrollo y autonomía.

En 2026, esta conmemoración adquiere especial relevancia, pues Naciones Unidas ha declarado el Año Internacional de la Agricultora, una oportunidad para visibilizar su contribución y promover transformaciones que permitan superar las brechas de género en los sistemas agroalimentarios.

Reconocer a las mujeres rurales exige también abandonar una mirada que las reduzca exclusivamente a su condición de madres o cuidadoras. Son mujeres con conocimientos, capacidades, aspiraciones y derechos propios. No necesitan únicamente reconocimiento por lo que entregan a los demás, sino condiciones de justicia que les permitan decidir sobre sus vidas y participar plenamente en la construcción de su futuro.

El compromiso con la libertad, la igualdad y la fraternidad, esta fecha nos interpela a recordar que ninguna sociedad puede considerarse verdaderamente justa mientras existan mujeres cuyo trabajo resulta indispensable, pero cuya voz permanece invisibilizada.

La construcción de una humanidad más libre y equitativa requiere reconocer las distintas realidades que viven las mujeres, comprender las desigualdades que las atraviesan y asumir que la igualdad de oportunidades no existe cuando las condiciones de partida son profundamente diferentes.

Desde una mirada masónica, trabajar por el perfeccionamiento humano también implica cuestionar aquellas estructuras que perpetúan la exclusión y contribuir, desde nuestros espacios de acción, a transformarlas.

Que esta conmemoración no sea solamente un homenaje a la fortaleza de las mujeres rurales, sino también un llamado a construir una sociedad en la que esa fortaleza no deba emplearse permanentemente para resistir la desigualdad, sino que pueda desplegarse plenamente en libertad, dignidad y autonomía.

Ma. Pilar García Vassallo, Corresponsal Logia Armonía N°14 de Viña del Mar y Departamento de Género GLFCH.