Violeta Parra: cantora de luces y sombras

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Violeta del Carmen Parra Sandoval, conocida como Violeta Parra, nació el 4 de octubre de 1917 en la localidad de San Fabián de Alico, Región de Ñuble, Chile. Su figura es un pilar fundamental de la identidad musical chilena y también es una de las voces precursoras más potentes en la reivindicación de los derechos humanos a través del arte. Su legado es un testimonio de resistencia y creatividad en un tiempo en el que el rol de la mujer se restringía al ámbito de lo privado.

Su infancia transcurrió en un entorno rural del sur chileno, su madre era la tejedora y cantora Rosa Sandoval Navarrete. Su padre, Nicanor Parra Alarcón, fue profesor y músico. Desde temprana edad cantaba a dúo con su hermano Eduardo (Lalo) Parra, empezó a tocar la guitarra a los 9 años y a los 12 compuso sus primeras canciones. Más adelante su actividad artística evolucionará hacia creaciones en cerámicas, pinturas y arpilleras.

Violeta Parra desafió las estructuras tradicionales del arte a mediados del siglo XX. En una época en la que el folclor era catalogado bajo una mirada centralista y predominantemente masculina, ella asumió la tarea de rescatar y visibilizar la creación rural-popular. Con un magnetófono recorrió el país recogiendo miles de canciones, refranes y danzas tradicionales. Este gran trabajo fue también un acto de justicia histórica que visibilizó el saber de las cantoras populares, históricas guardianas de la memoria oral chilena.

En la década de los 50 y 60 del siglo pasado viajó a Europa recorriendo Alemania, Italia, Francia, Polonia y, luego, a la Unión Soviética. Su estancia allí fue exitosa y le valió  un reconocimiento inesperado para una folclorista chilena: dio recitales en el Teatro de la Naciones de la Unesco y actuó en radio y televisión. En París grabó sus primeros discos de larga duración y en el año 1964 fue la primera latinoamericana en exponer individualmente una serie de arpilleras, óleos y esculturas de alambre en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre. 

En esa época también es convocada por la Universidad de Concepción para integrar sus conocimientos y experiencias respecto al folclore en la institución universitaria, siendo pionera en dar clases de cueca en la Universidad.

Como creadora, rompió con el arquetipo de la musa pasiva para instalarse como la autora integral de su universo artístico. Su labor como compositora, poeta y artista visual constituye un manifiesto en pro de la dignidad humana y la valoración del saber popular a través del folclore. En su obra abordó con igual maestría el amor, la denuncia social y el dolor humano, entregando a la voz femenina un matiz diferente a la complacencia común en esa época. 

Violeta demostró, a través de la crudeza, del ingenio y la honestidad de sus creaciones, que las problemáticas políticas, sociales y afectivas de su tiempo podían ser narradas en primera persona por una mujer. Cantó al trabajador y a las injusticias estructurales, se posicionó en un plano de equivalencia intelectual y política con los políticos, artistas y pensadores de su generación.

Es imposible dimensionar la profundidad del legado de Violeta Parra sin abordar la compleja relación entre su sensibilidad artística y su salud mental, una dimensión que durante décadas fue incomprendida o reducida al mito romántico de la «artista atormentada». La intensidad con la que Violeta experimentó y denunció las injusticias del mundo podría estar conectada con una profunda vulnerabilidad emocional, marcada por graves episodios de depresión que se agudizaron hacia el final de su vida, intensificados por el aislamiento institucional, las dificultades económicas y la discriminación. Se suicidó a los 49 años. 

Hoy, al conmemorar su nacimiento podemos mirar su legado bajo el prisma de la equidad. Violeta fue una mujer de luz y de sombras. Fue una mujer tenaz que, contra todo pronóstico material y social, gestionó su arte y su vida. Pero también una mujer sufriente que vivió el estigma y la falta de herramientas colectivas para abordar sus problemas de salud mental. 

Violeta Parra nos inspira como mujeres masonas a trabajar por una sociedad más justa e inclusiva, nos recuerda la urgencia histórica de construir sociedades que sostengan, cuiden y protejan activamente la dimensión de vulnerabilidad social y emocional a las que están expuestas muchas mujeres de diferentes edades y orígenes.

María Carla Morales, Corresponsal Logia Kimsa Warmi N°39 de Iquique.