En el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, queremos dedicar unas palabras de reflexión y compromiso frente a uno de los desafíos más urgentes y trascendentes de nuestro tiempo.
El cambio climático no es una amenaza futura, es una realidad presente que se manifiesta en cada rincón del planeta. Las alteraciones en los patrones climáticos, el aumento de las temperaturas, la acidificación de los océanos y la pérdida de glaciares son solo algunas de sus expresiones más visibles. Pero sus efectos van mucho más allá de lo climático: afectan directamente la salud de los ecosistemas y la biodiversidad que sustenta la vida.
Los ecosistemas naturales —bosques, humedales, arrecifes, montañas, zonas marinas— están siendo fragmentados, degradados o destruidos. Esta pérdida compromete funciones vitales como la regulación del agua, la purificación del aire, la fertilidad del suelo y la captura de carbono. Al mismo tiempo, la biodiversidad enfrenta una crisis sin precedentes: miles de especies se encuentran en peligro de extinción, muchas de ellas sin siquiera haber sido descubiertas o estudiadas.
Como institución masónica comprometida con la sostenibilidad, reconocemos que el cambio climático no solo es un problema ambiental, sino también ético, social y económico. Nos interpela a todas: desde los gobiernos y empresas hasta las comunidades y cada individuo. Por eso, reafirmamos nuestro compromiso con la acción climática, la educación ambiental, la innovación sostenible y la protección de la vida en todas sus formas.
Este día nos invita a mirar con responsabilidad el presente y con esperanza el futuro. A transformar nuestras prácticas, a repensar nuestros modelos de desarrollo y a construir juntos un camino más justo, resiliente y armonioso con la naturaleza.
Porque cuidar el planeta es cuidar la vida. Y cuidar la vida es nuestra misión compartida.
Escrito por Marianne Lichtenberg, Logia Kimsa Warmi N°39 de Iquique.
Departamento de Medio Ambiente y Sustentabilidad GLFCH.




