
Cada 6 de abril, Chile conmemora oficialmente el Día Nacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y ratificada en nuestro país por la Ley Nº 21.007 que reconoce el rol fundamental de la actividad física en la vida de las personas y su aporte al bienestar, la inclusión social y la cohesión comunitaria.
Esta celebración se presenta como una invitación abierta a toda la ciudadanía a participar en actividades deportivas gratuitas en todo el territorio nacional, con énfasis en la igualdad de oportunidades sin distinción de edad, género o condición.
Si bien la conmemoración es hoy 6 de abril, el Día Nacional del Deporte convocará a las calles de un Chile que intenta sacudirse el sedentarismo del alma. Para este 2026, la festividad alcanzará una escala épica con la convocatoria de «La Corrida más Grande de Chile», el próximo 11 de abril, jornada en la que las capitales regionales se transformarán en circuitos de encuentro, donde más de cien mil voluntades sincronizarán sus latidos de forma simultánea en trazados de 3K y 5K, permitiendo que la calle recupere su valor como territorio de confianza mutua y derecho ciudadano.
Resulta fascinante advertir la pulsión humana por el movimiento en una sociedad diseñada para la inmovilidad, donde correr por la calle o disputar una pichanga de barrio representan el reclamo legítimo al goce frente a un sistema que prioriza la cuantificación de la productividad, y bajo esta premisa, el deporte se define como aquel conjunto de situaciones motrices codificadas cuya práctica, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020), debe satisfacer una inversión de tiempo no negociable para el bienestar: mientras los niños y adolescentes requieren de, al menos, sesenta minutos diarios de actividad vigorosa, el adulto debe alcanzar los trescientos minutos semanales para mitigar con éxito los riesgos del sedentarismo.
En una sociedad que muchas veces nos mantiene estáticos y fragmentados, correr juntos este 11 de abril se tornará en un acto de insurgencia frente a la inercia, y es que el sudor compartido sobre el asfalto constituye la evidencia más honesta de nuestra potencia humana, porque quizás el deporte sea el pretexto necesario para recordar que no somos engranajes de rendimiento, y sí cuerpos que sueñan, capaces de hallar en el esfuerzo físico una forma de silencio absoluto frente al ruido ensordecedor de la modernidad, de modo que, al final del día, la victoria resida en el hallazgo de esa libertad primitiva que surge cuando el pie golpea el suelo y el corazón comprende que, a pesar de todo, seguimos siendo dueños de nuestro propio destino.
Belén A. Bascuñán Berríos, Corresponsal Logia Mediodía N°49 de Santiago.


