Día del Profesor: Gratitud para toda la vida

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Cada 16 de octubre, Chile celebra el Día del Profesor y la Profesora, una fecha que nos invita no solo a agradecer a quienes dedican su vida a enseñar, sino también a reflexionar sobre los desafíos que enfrenta la docencia en el contexto actual.

El Día del Profesor en Chile conmemora la creación del Colegio de Profesores de Chile en 1974, y fue establecido oficialmente en 1977 mediante el Decreto Ley Nº1.938. Desde entonces, esta fecha se ha convertido en un momento de gratitud hacia quienes guían, inspiran y acompañan el aprendizaje de miles de estudiantes a lo largo del país.

Ser docente hoy significa mucho más que impartir contenidos: implica formar ciudadanos críticos, empáticos y capaces de adaptarse a un entorno cambiante, donde la tecnología, la diversidad y las nuevas formas de aprender desafían las metodologías tradicionales.

En esta celebración, la figura de Gabriela Mistral adquiere un significado especial. Antes de recibir el Premio Nobel de Literatura y convertirse en una de las grandes voces de nuestra cultura, fue maestra. La educación estuvo presente a lo largo de su vida y de su pensamiento.

“Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase”

Gabriela Mistral

Estas palabras nos recuerdan que la verdadera enseñanza no queda encerrada entre cuatro paredes. El profesor educa también con su manera de relacionarse, con su sentido de justicia, con su capacidad para escuchar y con la coherencia entre aquello que enseña y aquello que practica.

La escuela está hecha de conocimientos, pero fundamentalmente está hecha de personas. Detrás de cada estudiante existe una historia, una familia, una esperanza, una dificultad y un sueño. Por eso la docencia necesita sensibilidad para comprender que no todos aprenden de la misma manera ni recorren idénticos caminos.

“Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?”

Gabriela Mistral 

Educar significa también abrir oportunidades. Una profesora o un profesor puede cambiar el rumbo de una vida mediante una palabra de confianza, una explicación paciente o simplemente haciendo sentir a un niño o a un joven que es capaz.

Gratitud es el mínimo reconocimiento que merecen generaciones de maestras y maestros que han dedicado años de su vida a educar. Algunos lo han hecho en grandes ciudades; otros, en pequeñas escuelas rurales, en lugares apartados o en comunidades donde la escuela representa mucho más que un establecimiento educacional.

Maria Elena Merino, Corresponsal Logia Rangiantü N°37 de Chillán.