Construirse creativamente: paradigma de la vida de una mujer u hombre masón

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gran-logia-femenina-chile-tresOriana Valdés Sanhueza / Ex.Gran Maestra
Gran Logia Femenina de Chile

La vida es un regalo que se nos ofrece. Regalo, porque se nos da sin ser pedido, ni siquiera imaginado, y que podemos tardar un tiempo en descubrir su valor, simplemente hacemos uso de él, o mejor dicho de ella, porque este regalo es “la vida” en su multiplicidad de formas y posibilidades.

Los procesos madurativos de la especie e individuo, mediados por factores como: la herencia genética, el entorno familiar y socio-cultural, experiencias personales y colectivas, ponen el acento en el tiempo que transcurre y la intensidad con que se nos hace consciente el significado de la existencia, aquello “de ser nacido” en el concepto de la filósofa Hannah Arendt, y qué destino podemos darle. De la consciencia de existir, surge la experiencia de libertad, otro don que es necesario aprender a usar. Su riesgo, es que cual embriagador licor, confunda a las mentes inexpertas alejándola de su real destino.

Lo usual es que requiramos de impactos significativos que remezan nuestra conciencia para darnos cuenta del verdadero sentido de la libertad, dónde reside y cuán poderosa herramienta puede ser, marcando la diferencia entre un espíritu despierto y uno aletargado, entre transitar cumpliendo con necesidades básicas en la rutina de la costumbre, con uno que otro engañoso hito de interés; o vivirla activamente, como un viaje en que hay múltiples mundos por descubrir y en el que muchas destrezas serán necesarias para abrir caminos.

Como seres eminentemente simbólicos que somos, estos mundos se tranzan en el espacio de nuestra conciencia, y sólo los percibimos en el ejercicio de nuestro despertar. Libertad para despertar a la vida activa es lo que nos constituye en personas. Personas para construirnos individualmente, y como tales, participar en la construcción del conglomerado social. Es el compromiso de vida que adquirimos al traspasar el umbral de un Templo Masónico.
Construir requiere imaginación, trabajo, pero especialmente voluntad, esa fuerza que se expresa en acción que culmina en la generación de la obra: la personal y la colectiva. Como mujeres masonas, en lo individual, se nos invita a esculpirnos en la congruencia del pensamiento, la palabra y la acción. En lo colectivo, a continuar fortaleciendo este espacio para el crecimiento y encuentro fraterno, que la Masonería Femenina ofrece a toda mujer que, en el uso de su “libre opción”, concurre a ella.

Nuestra construcción no se limita a levantar sólidos muros para la existencia de espacios físicos que nos permitan crecer en número, también y afanosamente se trata de proporcionar vida a esos espacios con nuevos desafíos y métodos para alcanzarlos. La esperanza, como único recurso, es la luz que brilla a la distancia, el faro que ilumina el camino, no obstante para alcanzar los objetivos se requiere de la constancia y firmeza del paso de cada día, para no transformarse en una de tantas utopías, con que suelen adormecerse las conciencias. La mujer o el hombre masón, construyen su Obediencia con el ejemplo de su propia conducta. Por lo tanto, su consigna es estar siempre alerta a ella.

Felizmente, las mujeres masonas hemos sabido encaminar nuestros esfuerzos cimentando una estructura institucional, capaz de responder a los requerimientos de la mujer actual, como es la Gran Logia Femenina de nuestro país, que en resonancia con voces femeninas de otras latitudes de América y el mundo, conscientes de su particular mirada de la vida, trabajamos por abrir espacio a la expresión de un modelo de sociedades, más inclusiva, menos agresiva, con mayor conciencia de la necesidad de preservar el medioambiente, y propender a una mejor calidad de vida en todas sus expresiones, en que la paz y la justicia sea la mayor ocupación de las clases gobernantes.

Nuestro secreto anhelo, como el de toda construcción masónica, es que el ser humano retome el sendero que perdió en algún recodo del camino del existir.