Conmemoración del Día Internacional de la Mujer Indígena

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El Día Internacional de la Mujer Indígena se conmemora cada 5 de septiembre, en homenaje a Bartolina Sisa, mujer que comandó los ejércitos Quechua-Aymara en contra de la opresión de los españoles, a fines del siglo XVIII en el alto Perú. Como consecuencia terminó siendo brutalmente asesinada por estos. La historia de Bartolina nutre la memoria de las mujeres de los pueblos indígenas y afrodescendientes del continente.

Bartolina Sisa fue una aguerrida mujer Aymara que a fines del siglo XVIII comandaba los ejércitos Quechua-Aymaras en su lucha contra las fuerzas españolas, logrando –por ejemplo- el cerco a la ciudad de La Paz, en 1781. Justamente, este tesón fue el que le valió la animadversión de sus enemigos quienes la asesinaron y ultrajaron el 5 de septiembre de 1782, fecha que se convirtió en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Indígena.

Cada 5 de septiembre desde 1983, diversas agrupaciones y autoridades nacionales e internacionales realizan actividades para homenajear a las mujeres indígenas.

Llamamos a visibilizar el rol fundamental que juegan las mujeres indígenas en la importante tarea de mantener y defender la identidad de sus pueblos, reafirmando su derecho para que sus voces, diversas y muestra de la riqueza cultural que representan, se escuchen de manera fuerte y clara en todos los lugares en los que habitan, en el hogar y la familia, así como en el espacio político, social, económico y cultural. El  papel fundamental que desempeñan las mujeres indígenas en la conservación de su cultura, sus lenguas y sus tradiciones y reconoce el liderazgo y la capacidad de acción de las mujeres indígenas en la protección del medio ambiente y la biodiversidad y en la lucha contra el cambio climático.  

Es imprescindible promover una cultura que respete, reconozca y apoye los liderazgos de las mujeres indígenas, así como prevenir, sancionar y erradicar todas las formas de violencia hacia ellas, incluyendo la violencia que impide y afecta su participación en la vida pública.  

Situación de las mujeres indígenas en Chile: 
En Chile, la mujer indígena sufre doble discriminación: por ser mujer y por ser indígena. De acuerdo con el censo 2002, el alfabetismo en Chile arroja una brecha de un 4,2% entre la población indígena y no indígena; y particularmente, el analfabetismo en las mujeres indígenas es del 10,5%, de acuerdo con este mismo instrumento.

La encuesta CASEN 2013 revela que el 86% de las mujeres indígenas rurales no llega a la educación media. Esto trae consigo una empleabilidad precaria en términos de condiciones laborales y de remuneraciones.

Actualmente, la mayoría de la población indígena es urbana, mucha de la cual va en tercera o cuarta generación, alejada de sus comunidades, perdiendo todo nexo con su cultura y conocimientos propios. Esto, entre otras razones, porque las mujeres indígenas resultaron ser mano de obra barata, traídas a la ciudad desde muy niñas a trabajar como empleadas domésticas, sin ningún tipo de resguardo que garantizara condiciones contractuales dignas. Del mismo modo, la ciudad no significó mayor bienestar, por el contrario, las mujeres indígenas se vieron obligadas a homogeneizarse para calzar en un modelo social ajeno, en el que tuvieron que relegar su lengua hasta olvidarla, y en ocasiones, hasta cambiar sus apellidos.

Casos emblemáticos de mujeres indígenas en Chile:
La historiografía consigna la participación de mujeres indígenas en episodios históricos relevantes: Fresia, Guacolda y Tegualda, quienes combatieron al lado de los caudillos de manera complementaria y activa.

En épocas más contemporáneas, es posible destacar a Herminia Aburto Colihueque, primera mujer que figura en el ámbito público, presentándose como candidata a las elecciones municipales del año 1933, considerando que el derecho a voto femenino se obtuvo en 1930.

En la década de los 50, Bartola Gineo dirigente mapuche del sector Maquehue, confrontó a jueces y latifundistas ante el abuso de la usurpación de tierras; y en los 90´s destaca la lucha emprendida por las hermanas Berta y Nicolasa Quintreman, de Alto Biobío, contra ENDESA y el proyecto Ralco, acentuando el rol que cumplen las mujeres indígenas al interior de sus comunidades, participando y liderando acciones de reparación territorial y restitución de derechos.

Desde el punto de vista de revitalización y transmisión de conocimientos culturales, se encuentra a importantes mujeres indígenas que han luchado por perpetuar sus saberes con la intención de preservar su cultura. Tales son los casos de tres mujeres indígenas que el 2015 fueron reconocidas como “Tesoros Humanos Vivos” por el Consejo Nacional de las Culturas y las Artes: Zunilda Lepin, por ser defensora de la semilla vernácula, manteniéndola sin alteraciones químicas; Amalia Quilapi, artesana mapuche, reconocida por su dominio de la técnica tradicional del trarikan, tejido a telar de doble urdimbre; y Elena Tito, cultora de la alfarería ancestral atacameña, técnica que data del 3.000 a.c. en donde se utiliza un tipo de greda propio de la zona que le da brillo a piezas utilitarias y ceremoniales para uso ritual.

Actualmente se calcula que solo en Latinoamérica existen alrededor de 522 pueblos indígenas y que en total la población sumaría 42 millones de personas. De ese gran número redondo el 59% son mujeres, es decir, más de la mitad; y sin embargo, son el sector más oprimido tanto de la sociedad tribal como de la sociedad en general.

Se estima, que la mujer indígena actualmente sufre una triple discriminación:
La primera se debe solo a su género. La mayoría de los pueblos indígenas son machistas, por lo cual les privan a las niñas su educación e incluso, muchas de las prácticas de apareamiento en algunas de estas culturas contemplan la violación.

La segunda discriminación se debe a su condición de indígenas, muchos países ven al indígena como un ciudadano de segunda clase.

Y la situación empeora con el tercer nivel de discriminación, que es la pobreza, aún en pleno siglo XXI muchas mujeres indígenas no pueden ser dueñas de la tierra donde viven y trabajan, sino que esta pertenece al hombre de la casa, al que deben pedir permiso para trabajarla e incluso tomar lo cosechado.

Por Logia Artemisa N°36 de Coquimbo