Conmemoración del Día del Trabajo

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Como masonas entendemos que el trabajo es dignidad, emancipación, garantía de nuestra libertad y progreso y es la potencia avasalladora de energías que permanecen latentes en nuestras conciencias. El trabajo nos educa y nos hace libres

El 1º de mayo es el Día Internacional del Trabajador en conmemoración a los obreros que defendieron la jornada de ocho horas y a los mártires que fueron asesinados en Estados Unidos por exigirla.

Durante la mayor parte de la Historia de la Civilización el trabajo fue considerado como una actividad despreciable. En la Biblia aparece como una tarea forzada después que Adán y Eva perdieron el paraíso. Para los griegos de la Edad de Oro, solo el ocio creativo era digno del hombre libre. La esclavitud fue considerada por la mayoría de las civilizaciones como la forma natural y más adecuada de relación laboral. 

Platón lo circunscribe al interior de la caverna donde los hombres, atados con cadenas e ignorantes del bien y de la verdad, desarrollan las actividades cotidianas. Aristóteles alude al trabajo como una actividad que transforma la naturaleza con el fin de obtener un producto determinado, asociado con las necesidades básicas de los seres humanos. 

El concepto de trabajo se transforma y adquiere relevancia desde la Revolución Francesa y la Revolución Industrial. Los pensadores del siglo XIX vinculan el concepto al desarrollo de la democracia y el sindicalismo; la esclavitud deja de ser la forma predominante del trabajo para ser reemplazada por el trabajo asalariado, emergiendo por primera vez en historia de la civilización una valoración social positiva del trabajo.

El trabajo cumple un rol básico y central en nuestras vidas, es la forma que tenemos para relacionarnos con la naturaleza y con la comunidad.

OCHO HORAS PARA EL TRABAJO

Probablemente, los trabajadores que salieron a las calles de EE. UU. el 1 de mayo de 1886 para reclamar por reivindicaciones no pensaron nunca que su lucha se convertiría en uno de los pilares del movimiento obrero. Corría el año 1877 y las huelgas de los ferroviarios, las reuniones y las grandes movilizaciones en Estados Unidos eran reprimidas a balazos, golpes y prisión.

Estas tácticas represivas y la necesidad imperiosa por la defensa y mejoras en las condiciones de trabajo dieron pie a un movimiento de resistencia y lucha que algunos años más tarde daría sus frutos.

Es así como en 1880 se conforma la Federación de Sindicatos de Empleados y Trabajadores Organizados, y en 1884 se aprueba una resolución para establecer a partir del primero de mayo de 1886, las jornadas de ocho horas de trabajo. 

Quizás nos hemos acostumbrado a estas jornadas laborales, pero no tenemos que olvidar que no siempre fue así, hace algo más de 135 años, en las fábricas trabajaban hombres, mujeres, ancianos y niños en jornadas de 12 horas diarias y a veces más, sin tiempo para el descanso, ni para el disfrute del ocio; con salarios muy bajos y en condiciones de trabajo insalubres.

Volviendo al relato inicial; la efervescencia fue tal que los sindicatos y las uniones de empleados cada vez eran más importantes; es así que en 1885 circulaba de mano en mano de los trabajadores un escrito que decía: “¡Un día de rebelión, de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo! Un día para disfrutar ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana”. Como un ideal a alcanzar, las masonas reemplazamos este decir por “ocho horas al trabajo, ocho al descanso y ocho al estudio”.

El 1° de mayo de 1886 la paralización se generalizó. Cerca de 12.000 fábricas en huelga, además marcharon más de 30.000 obreros con antorchas por las calles y parques, desobedeciendo las normas. El día 2 se realizó un mitin para protestar por los 1.200 despidos y los brutales atropellos policiales. 

Los obreros mantenían intensos debates; se convocó una reunión popular en la Plaza Haymarket; el 4 de mayo todo Chicago estaba en huelga y la policía se dispone a atacar a los huelguistas, así comienza el enfrentamiento entre la policía y los trabajadores. La policía respondió con una masacre sangrienta llenando las cárceles de Chicago de revolucionarios y huelguistas. 

Allí se detiene a George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebe y August Spies, todos eran miembros de la Asociación Internacional del Pueblo Trabajador. Fueron enjuiciados y acusados de complicidad de asesinato, lo que nunca se pudo comprobar. Todos fueron encontrados culpables y sentenciados a muerte, a excepción de Oscar Neebe, condenado a 15 años de prisión.

Uno de los condenados a muerte declaró: “¡Mi defensa es vuestra acusación! Las causas de mis supuestos crímenes: ¡vuestra historia! Ya he expuesto mis ideas y si pensáis que habréis de aniquilar estas ideas, que día a día ganan más y más terreno, si una vez más ustedes imponen la pena de muerte por atreverse a decir la verdad los reto a mostrarnos cuándo hemos mentido. Digo, si la muerte es la pena por declarar la verdad, ¡pues pagaré con orgullo y desafío el alto precio! ¡Llamen al verdugo!”

Surgió un gran movimiento en defensa de estos condenados y se celebraron mítines por todo el mundo. Al aproximarse el día de la ejecución, cambiaron la sentencia de Samuel Fielden y Michael Schwab a cadena perpetua. Louis Lingg apareció muerto en su celda.

Al mediodía del 11 de noviembre de 1887 sus carceleros los vinieron a buscar para llevarlos a la horca. Los cuatro (Spies, Engel, Parsons y Fischer) compañeros de lucha y de sueños emprendieron el camino entonando La Marsellesa Anarquista en aquel día que más tarde sería conocido como el viernes negro.

Son recordados como símbolo de dignidad de la clase trabajadora. En 1938 se impuso la jornada laboral de 8 horas en todo el país.

Como pasa con muchas fechas conmemorativas, poco se sabe del hecho que les dio origen, sin embargo, el 1º de mayo nos sirve no sólo para recordar a aquellos obreros de la historia, sino para recordarnos que ha pasado más de un siglo y  los trabajadores del mundo siguen sin gozar de los derechos que les corresponden, es más, ni siquiera el derecho de trabajar existe hoy en la mayor parte de los países en desarrollo.

EL TRABAJO NOS HACE LIBRES

La dignidad humana no permite tratos humillantes, discriminatorios, violentos ni desiguales, sino que reclama por la libertad de trabajo y por el derecho a acceder a un puesto en igualdad de condiciones, sin discriminaciones de sexo, raza o creencias.

Como masonas entendemos que el trabajo es dignidad, emancipación, garantía de nuestra libertad y progreso y es la potencia avasalladora de energías que permanecen latentes en nuestras conciencias. El trabajo nos educa y nos hace libres. En nuestros Templos, se realiza con la guía de un Ritual y bajo los simbólico de la tradición de la Francmasonería universal.

La GLFCH nos enseña de la necesidad del trabajo y también ensalza su nobleza. Como trabajadoras de paz trabajemos con espíritu de Tolerancia y Fraternidad.

Nuestros símbolos nos relacionan con el lenguaje del arte de la construcción y nuestros talleres nos inculcan la rectitud, la equidad y el amor hacia los demás seres humanos, aprendiendo a respetar al que piensa diferente.                                                                             

El trabajo en logia hace de nosotras mujeres más reflexivas y fuertes; allí comprendemos que es necesario cuidar y aprovechar ambos trabajos, pues el profano nos da el reconocimiento social, el sustento para nuestra familia y cultiva la autoestima. Y el de la Logia nos hace parte del engranaje de nuestra Orden, nos da el salario que enriquece el espíritu y lo engrandece permitiéndonos avanzar en el perfeccionamiento de nuestros Templos.

HOMENAJE AL TRABAJO,

QH∴ ROSA LÓPEZ RODRÍGUEZ