El recorrido incorporó el paso por las sepulturas de Paula Jaraquemada, Eloísa Díaz, Marcela Paz, Rebeca Matte y, finalmente, la de la Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de Chile entre los años 1983 y 1986, la Querida Hermana, Chita Cruz Donoso de Selvat, donde se desarrolló un emotivo acto que tuvo por finalidad cerrar este recorrido con un homenaje a su memoria.
El sábado 7 de marzo de 2026, a las 10:00 horas, en el Cementerio General de Santiago, la Gran Logia Femenina de Chile, en colaboración con el Área de Patrimonio de la Gran Logia de Chile, desarrolló la Ruta Patrimonial “Mujeres que abrieron caminos de luz”, como una emotiva y significativa actividad conmemorativa realizada en vísperas de un nuevo Día Internacional de la Mujer. La iniciativa buscó acercar contenidos patrimoniales y fortalecer la memoria, tanto histórica como simbólica, poniendo en valor el legado y el patrimonio de mujeres destacadas de la historia de Chile y de la Masonería Chilena.
En un itinerario marcado por la memoria, la reflexión y la gratitud, autoridades masónicas de la Gran Logia Femenina de Chile y de la Gran Logia de Chile, junto con Queridas y Queridos hermanos y diversos invitados, fueron acompañados por Keila Pontigo, quien interpretó la pieza musical «El cisne» de Camille Saint-Saëns, y por la actriz Noemí Román, que dio vida a cada una de las figuras evocadas, recorriendo las sepulturas de Paula Jaraquemada, Eloísa Díaz, Marcela Paz, Rebeca Matte y, finalmente, la de la Gran Maestra de la GLFCH, entre los años 1983 y 1986, la Querida Hermana Chita Cruz Donoso de Selvat, donde se desarrolló un emotivo acto que tuvo por finalidad cerrar este recorrido con un homenaje a su memoria.
La jornada cobró, además, un hondo sentido conmemorativo al situarse ad portas del 8 de marzo, fecha que remite a luchas concretas por dignidad, justicia y derechos para las mujeres. Desde esa conciencia histórica, este recorrido quiso relevar la memoria viva de mujeres chilenas que, en distintos tiempos y ámbitos, abrieron camino allí donde muchas veces el mundo pretendió imponer silencio. Así, la actividad permitió reafirmar que la dignidad y el aporte de las mujeres no constituyen una nota secundaria de la historia, sino una parte esencial del relato de nuestro país y también de nuestra tradición masónica.
En este contexto, Sebastián Jans Pérez, Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, dirigió unas palabras en las que subrayó el sentido del homenaje rendido a distinguidas figuras femeninas de la historia nacional. En su intervención, destacó especialmente la relevancia de las mujeres masonas en el desarrollo y proyección de la Orden, así como el liderazgo de Chita Cruz Donoso, a quien correspondió asumir una tarea trascendente en la consolidación de la Masonería Femenina en Chile. Asimismo, remarcó que este homenaje expresa no solo reconocimiento, sino también agradecimiento hacia quienes hicieron posible ese camino fundacional.
Posteriormente, María Andrea Villalobos Silva, Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de Chile, señaló que, a las puertas de una nueva conmemoración del 8 de marzo, este recorrido patrimonial por el Cementerio General permitió reconocer el legado de cuatro mujeres muy distintas entre sí, marcadas por épocas, contextos y motivaciones diversas, pero unidas por un mismo espíritu pionero. Dijo que fueron mujeres que desafiaron las ideas dominantes de su tiempo y se abrieron paso en espacios que hasta entonces estaban reservados a los hombres, dejando huella en ámbitos como la independencia de Chile, la medicina, las letras y el arte. Agregó que conocer sus historias no solo inspira, sino que también renueva la fuerza para seguir avanzando en la búsqueda de la Verdad, la justicia, el librepensamiento y la construcción de una sociedad con más fraternidad y sororidad.
La Gran Maestra se refirió luego a la figura Chita Cruz Donoso, destacando que cerrar esta ruta con un homenaje a su memoria tenía un profundo sentido histórico y simbólico para la Orden. Expresó que Chita Cruz fue una mujer de gran temple, alegría y apertura de mente, que, junto a otras Queridas Hermanas pioneras, perseveró en el anhelo de construir una masonería femenina en Chile, incluso en años difíciles, cuando toda forma de asociación era mirada con sospecha. Recordó que su hogar fue espacio de encuentro, reflexión y organización para muchas Hermanas que soñaban con una masonería laica, dedicada al estudio, la justicia y el perfeccionamiento espiritual.
Finalmente, la Gran Maestra dijo que la trayectoria de Chita Cruz Donoso está íntimamente ligada a la historia misma de la Gran Logia Femenina de Chile. Recordó que fue una de las figuras decisivas que en conjunto con otras Queridas Hermanas, dieron los pasos necesarios para forma a la naciente Obediencia femenina en nuestro país. Subrayó que su elección como Gran Maestra, para el período 1984-1986, marcó el inicio formal de una institución que ha dado grandes frutos, por lo que este homenaje y la placa recordatoria constituyen una expresión sencilla, pero profundamente sentida, de gratitud hacia quien abrió caminos de luz para tantas mujeres.
En ese momento particularmente conmovedor, se invitó a pasar adelante a su hija, Mariela Selvat Cruz, quien recibió un ramo de flores y expresó su profunda emoción y gratitud por el homenaje rendido a su madre, destacando tanto su dimensión pública como su rol familiar, y recordando el hogar como un espacio donde la masonería se vivió con naturalidad, apertura y sin tabúes.
Como signo material y perdurable de este reconocimiento, se realizó la develación de una placa conmemorativa en la sepultura de la Querida Hermana Chita Cruz Donoso, ubicada en el patio 86 del Cementerio General. En ese gesto cargado de simbolismo, la Gran Logia Femenina de Chile quiso dejar testimonio de que su fuerza abrió camino, que su entrega encendió conciencias y que su ejemplo continúa vivo en la Cadena de Unión de las Hermanas.
La jornada concluyó con palabras de agradecimiento por la presencia de todas y todos quienes participaron en esta significativa actividad y con la entonación del Himno Masónico, de Wolfgang Amadeus Mozart, en la interpretación de la Gran Logia Femenina de Chile.
Escrito por Claudia Hasbún Faila, Logia Egrégora N°38 de Santiago.





















