Reunión Blanca de R.L. Luz de Oriente Nº74 de la Gran Logia de Chile

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El día sábado 7 de Noviembre 2015,el V.·.M.·. Manuel Romo Sánchez  de la R.L. Luz de Oriente N°74 de la Gran Logia de Chile, invitó a la S.·.G.·.M.·.Q.·.H.·. Susana González Couchot a la celebración del septuagésimo sexto aniversario  de la instalación de su Logia.

Alocución de la G.·.M.·. de la GLFCH  R.H. Susana González Couchot

  1. H. Manuel Romo Sánchez, V. M. de la R. L. Luz de Oriente N° 74 Queridas Hermanas,

Queridos Hermanos, amigos y familiares,

Agradezco que me ceda la palabra en esta oportunidad tan especial, la cual usaré para dar a conocer y homenajear a un tipo de mujer, específicamente a aquella que hace varias décadas viene prendiendo el mandil en su cintura.

Quisiera partir comentándoles que la Masonería Femenina en Chile sigue siendo para mucha gente una novedad. En más de una oportunidad, cuando el trabajo colectivo de nuestras QQ. HH. ha sido visibilizado públicamente, no falta quien nos manifieste sensaciones de sorpresa por haber ignorado previamente nuestra existencia como cuerpo organizado. Lógicamente, aquí se hacen sentir los prejuicios legados por las órdenes más conservadoras, que tienden a juzgar la masonería como un asunto exclusivamente de hombres. Sin embargo, hay que considerar que la primera Logia Femenina fundada en Chile se instaló en enero del año 1970. Es decir, hace 45 años, a través de los cuales se ha recorrido un camino cargado de valiosas experiencias

Pienso que todo este tiempo nos autoriza sobradamente para hablar de nosotras bajo una perspectiva histórica. En palabras más simples, actualmente es imposible presentarnos como cosa nueva, como un aporte reciente, como una iniciativa pensada a futuro y sin pasado. Es importante entonces rebelarse hoy día contra estas representaciones imprecisas, empezar a adoptar nuevos fundamentos que den cuenta de la complejidad de nuestros esfuerzos en el largo plazo, y señalar con fuerza en qué consisten nuestros soportes.

Por estos motivos, me interesaría profundizar en torno a los procesos de gestación y consolidación de las logias femeninas chilenas. Aquella primera colectividad de 1970 que les mencioné fue la R. L. Araucaria N°3, aún vigente, que ocupó ese número pues ya existían dos logias de varones. Con ellas integró la Gran Logia Metropolitana, la cual estaba por su parte jurisdiccionada al Gran Oriente Mexicano. Fueron 7 hermanas las que iniciaron este esfuerzo pionero, provenientes de  la  R.  L.  Le  droit  humain,  acogidas  e  incentivadas  tanto  por  la  delegada sudamericana del Rito Nacional Mexicano, la Q. H. María de Letre Arauz, como por algunos hermanos varones.

Demás está mencionar que el año 1970 no es cualquier fecha en la historia de Chile. Está marcado por la puesta en marcha de un proyecto político de izquierda, que no viene al caso describir ni ponderar. Lo que si queremos resaltar, es que los planes que se materializaron en este momento eran consecuencia de las aspiraciones de las décadas anteriores. A quienes nos tocó vivir nuestra adolescencia y juventud en la década de 1960, pudimos experimentar razonadamente lo que significaron estos episodios en una clave de cambio social. En Santiago vivimos un crecimiento urbano tan desorganizado como significativo, una primera etapa en la masificación del automóvil, la irrupción de los televisores, el surgimiento de una cultura estudiantil empoderada, la toma de palabra de las organizaciones de trabajadores.

Pero también experimentamos el desarrollo de una nueva conciencia femenina. Voy a detenerme un momento en este punto, que es crucial para explicar el surgimiento de la Masonería Femenina en nuestro país. En esta época, la participación de la mujer en el ámbito del trabajo y en los estudios superiores se consolida definitivamente. Lo interesante es, sin embargo, que esta tendencia no quiebra con el rol doméstico que tradicionalmente le tocaba encarnar. Muchas mujeres casadas, con hijos, o encargadas de la formación y crianza de hermanos menores, se vieron empujadas a redoblar sus esfuerzos en aras de ir haciendo suyo un sector laboral, o una disciplina universitaria. Dentro de este cuadro general, no está demás incorporar como telón de fondo la “subalternidad” del género, que ha sido causa eficiente de muchas expresiones de reivindicación. Digamos que existe un clima suficientemente movido para que se empiece a cultivar la idea de una institución masónica reservada solamente a las mujeres. Además, la influencia de movimientos feministas europeos y norteamericanos también impacta en nuestra sociedad, al tiempo que el voto femenino, aprobado en 1948, ha tonificado la voz pública de la mujer en tanto que mujer, y también en tanto que sujeto político que a nadie puede dejar indiferente. Este es el contexto general en el cual se encontraban inmersas aquellas 7 hermanas pioneras. Se trataba de una minoría de mujeres cultas y educadas, cuyo principal valor estribó en el esfuerzo por revocar la subordinación femenina. Un esfuerzo particularmente especial, pues, para que el viento no se llevara el fruto de su voluntad, institucionalizaron su determinación en el seno de los ideales masónicos.

Posteriormente, las crisis política, económica y social que experimentó el país atentaron duramente contra la consolidación de la R. L. Araucaria. La Gran Logia Metropolitana se vio en la obligación de abatir columnas el año 1971, pero las mujeres de Araucaria, en lugar de hundirse y bajar el telón de tan noble causa, decidieron continuar con el trabajo masónico. Desde 1971, a duras penas surcaron las dificultades del período, silenciosamente, con escazas posibilidades de figuración, pero con la convicción incólume que la masonería femenina algún día alcanzaría un peso mayor y una presencia inevitable. El tesón y la perseverancia que les menciono se ven confirmados en la iniciación y obtención de los Tres Grados Simbólicos de varias QQ.HH. Entre ellas, quisiera recordar a quienes han empuñado el mallete de Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de Chile, las QQ.HH. Chita Cruz Donoso, Eliana Corbalán Barbier, Nancy Muñoz Miranda, Miriam Silva Mera, Oriana Valdés Sanhueza y Ximena Muñoz Muñoz. Ellas son verdaderas maestras, no solo por poseer el grado masónico, sino en el sentido más clásico que adopta dicho concepto: dignidad de una persona experimentada, poseedora de una cierta elevación espiritual, guía en materia ética, y volcada a la enseñanza de su sabiduría y valores. Esta es una buena forma de describir a dichas ex Grandes Maestras, personas que, por lo demás, han caminado. Junto a mí en calidad de hermanas y amigas, y sobre todo, con quienes he trabajado codo a codo durante tres décadas. Al mismo tiempo, debo advertir que han llevado a cabo este cometido sin abandonar su roles cotidianos, ya no solo radicados en lo doméstico, sino ahora también en lo laboral. Es decir, mujeres divididas en tres esferas, la casa, el trabajo y la logia. En efecto, me parece que la masonería femenina es esencialmente la unidad armónica de estos tres componentes. La evolución de la Gran Logia Femenina de Chile es significativa porque en corto tiempo ha construido un espacio para el perfeccionamiento de la Mujer Laica y sus principios han logrado amalgamar a las pioneras y a las actuales mujeres que la conforman para hacer posible empezar a inscribirse en la historia de Chile.

Los años setentas fueron complejos. La reunión pública no era una diligencia que podía lograrse tan fácilmente en dictadura. No obstante, pese a la irregularidad inherente al momento que se vivía, el trabajo no cejó. Las QQ. HH. mantuvieron la tenacidad y el empeño que siempre las caracterizó. Es así como la frialdad del año 1983 cobijó un hito crucial para nuestra historia: la formación de la R. L. Acacia N°2. Digamos que para regularizar la dispensa del Gran Oriente de México, era necesario contar con más de una logia, por lo que su fundación constituye un evento de vital importancia. Este fue el estímulo más significativo que llevó a la instalación de la R.

  1. Acacia N°2, y también al triángulo Armonía en el Valle de Rancagua, lo que a su vez permitió que se creara la Gran Logia Femenina de Chile. Pareciera entonces que existe un fenómeno histórico, sintetizado en el cruce entre momentos de emancipación y fortalecimiento masónico. Recordemos que ese año empiezan las Jornadas de Protesta, la ciudadanía se vuelca a las calles y poco a poco empieza a ganar espacios de libertad hasta entonces restringidos. Estas observaciones me llevan a meditar que la Masonería Femenina en Chile necesariamente lleva las marcas de los vaivenes sociales y políticos del país, estando siempre rodeada de un hálito de liberación que ha proyectado en la sociedad.

Hoy en día, además del hálito de liberación, valoramos la diversidad de mujeres que conformamos nuestra Gran Logia. Actualmente existen 28 talleres entre Iquique y Punta Arenas, 7 sedes propias en Regiones y 2 en Santiago. Este fuerte y sostenido estímulo al trabajo masónico implicó la creación del Supremo Consejo Femenina de Chile, instalado por su homólogo francés en 2005, cuya primera Soberana Gran Comendadora fue la I. y P.H. Miriam Silva Mera y hoy ejerce este cargo la I.y P.H. Ana María Svec Cortés.

Además, la Gran Logia Femenina de Chile ha estado presente insuflando vida a las Grandes Logias Femeninas en Argentina, Uruguay y Bolivia. En proceso de formar Grandes Logias tenemos logias extraterritoriales en Perú y Panamá. Cabe destacar que instalamos dos logias en Cuba en las ciudades de La Habana y Pinar del Río, las que por razones de distancia y falta de soporte técnico para la comunicación fueron traspasadas a la Gran Logia Femenina de Venezuela.

El espíritu de unión que prevalece en nosotras, nos condujo a reunir a las masonas sudamericanas en lo que denominamos Encuentro Latinoamericano de Masonería Femenina ELA, iniciados el año 2000 en Santiago y seguidos por otras reuniones en Manaos, Brasil y Puerto Ordaz, Venezuela. Sin embargo, ello no nos fue suficiente y el año 2011, pasaría a tomar cuerpo permanente en la Federación Americana de Masonería Femenina, FAMAF.

Notarán que los contextos en que nos hemos involucrado son bien diferentes entre sí, algunos de escala regional, otros de alcance continental. Aquello nos hace más conscientes de lo que tenemos, y orgullosas de las formas en que lo hemos conseguido.

Para cerrar esta intervención, quisiera señalar que estamos lejos de cumplir la misión propuesta por las primeras mujeres masonas en Chile, que es “contribuir al crecimiento personal, intelectual y espiritual de la mujer latinoamericana”. Estamos lejos, pues cada logro que alcanzamos implica que la meta se vaya corriendo también. Somos ambiciosas, pues aquellas que hemos sido favorecidas por la oportunidad de compartir nuestra espiritualidad, por el goce de desarrollar nuestra cultura, y la satisfacción de vincular nuestros valores bajo el sello de la fraternidad, tolerancia e independencia, sabemos que la Masonería es una gracia inestimable para cumplir la obra que nos corresponde en este mundo.

Susana González Couchot Gran Maestra

Gran Logia Femenina de Chile