
Cada 20 de septiembre, abrazando los valores laicos, republicanos y humanistas se conmemora el Día del Librepensamiento. La fecha recuerda la Brecha de la Porta Pía, ocurrida en Roma en 1870, cuando las fuerzas del Reino de Italia ingresaron a la ciudad y pusieron fin al poder temporal de los Estados Pontificios. Más allá de sus circunstancias políticas y militares, aquel acontecimiento adquirió una profunda dimensión simbólica: representó el avance del Estado laico frente a los poderes sustentados en el derecho divino y abrió paso a una nueva relación entre la autoridad civil, la religión y la libertad de conciencia.
El librepensamiento no consiste en reemplazar un dogma por otro ni en negar el derecho de las personas a profesar una fe. Consiste, precisamente, en defender la autonomía de cada conciencia y su derecho a buscar respuestas mediante la razón, la experiencia, el conocimiento y la reflexión crítica, sin coerción ni temor. Implica reconocer que ninguna idea debe quedar exenta de examen y que toda verdad humana puede ser revisada a la luz de nuevas evidencias. Por eso, el librepensamiento necesita de la educación, del diálogo y de la tolerancia, pero también del valor necesario para interrogar aquello que la costumbre ha vuelto aparentemente incuestionable.
Esta conmemoración se vincula, además, con la libertad de opinión y de expresión consagrada en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948: el derecho a no ser molestado a causa de las propias opiniones y a investigar, recibir y difundir informaciones e ideas por cualquier medio y sin fronteras. En una época atravesada por la desinformación, los discursos de odio y los intentos de imponer verdades únicas, este derecho continúa siendo frágil. Defenderlo exige responsabilidad: contrastar la información, escuchar posiciones distintas y distinguir la libertad de expresión de cualquier pretensión de humillar, silenciar o deshumanizar a otras personas.
Para la Masonería, el librepensamiento constituye una práctica esencial. No busca instalar una voz infalible, sino acercarse a la verdad sin exclusivismos, respetando las creencias sinceras y los juicios honrados. Mediante el estudio, el trabajo sobre cada una de sus integrantes y el ejercicio de la justicia, la masonería procura emancipar el prejuicio, el fanatismo y la ignorancia. Allí donde el dogma cierra el paso a la pregunta, la Masonería enciende la luz de la investigación; allí donde la intolerancia levanta muros, convoca a construir fraternidad.
Como mujeres masonas, esta fecha posee una resonancia particular. Durante siglos, a las mujeres se les negó autoridad sobre sus pensamientos, palabras y sus cuerpos; otras voces pretendieron decidir qué podían aprender, creer, decir y ser. Por ello, ejercer el librepensamiento es también un acto de emancipación.
Conmemorar el 20 de septiembre es entonces, renovar un compromiso presente: defender la libertad de conciencia, el laicismo y el derecho de cada persona a pensar por sí misma; combatir el oscurantismo sin caer en nuevas intolerancias; y sostener que ninguna democracia puede llamarse plena si castiga la duda, censura la palabra o teme a la razón.
María Pilar García Vassallo, Corresponsal Logia Armonía N°14 de Viña del Mar.
Deptartamento de Género GLFCH.
*Imagen: Pintura de Laura Rodig, «La Fuente y sus Mujeres», 1928.


