Marie Curie nació en Varsovia el 7 de noviembre de 1867 con el nombre de María Salomea Sklodowka. Con el tiempo se convertiría en una figura pionera y destacada en el campo de la radioactividad. Fue la primera mujer en recibir un premio Nobel y en ocupar un puesto de profesora en la Universidad de París. Además, fue la primera y única persona distinguida con dos premios Nobel en diferentes disciplinas científicas. De forma póstuma, en 1995, fue la primera mujer en recibir sepultura con honores y por méritos propios en el Panteón de París. Esta mujer brillante llevó su luz a otras mujeres creando espacios para las científicas de su época.
Marie fue la quinta hija del matrimonio formado por Wladyslaw Sklodowski, profesor en Física y Matemáticas, y de Bronislawa Boguska, maestra, pianista y cantante. Creció en Varsovia, cuando la ciudad se encontraba bajo la administración del Imperio Ruso. Su entorno educativo estuvo marcado por las restricciones impuestas por el imperio: prohibición del uso y enseñanza de la lengua y costumbres polacas, supresión de la instrucción en laboratorios en las escuelas e imposibilidad de las mujeres de acceder a estudios superiores. Frente a ese escenario su familia rompe los moldes. Su padre llevó a casa el instrumental y aparatos de los laboratorios, instruyendo a sus hijos en su uso. Más tarde, junto a su hermana Bronislawa ingresará a la “Universidad Flotante”, una institución clandestina de educación superior que admitía mujeres.
En esa etapa de su vida, hizo un acuerdo con su hermana: Marie trabajaría para ayudar financieramente a Bronislawa en sus estudios de medicina y, más adelante, ella haría lo mismo por Marie. Mientras cumplía este compromiso, Marie trabajaba, realizaba sus estudios en la universidad flotante y de forma autodidacta se formaba a través de la lectura de libros y el intercambio con profesionales de su familia.
Después de establecerse y casarse en Francia, Bronislawa invitó a Marie a reunirse con ella. Marie no aceptó la propuesta porque no contaba con los recursos suficientes para pagar la matrícula universitaria. Con el apoyo de su padre, finalmente consiguió reunir los fondos necesarios para proseguir sus estudios en la Universidad de París.
Al inicio de su formación en la Facultad de Ciencias, trabajó para poder costear sus estudios. A las dificultades económicas se sumaban el ambiente predominantemente masculino y la barrera del idioma. A pesar de estas condiciones desfavorables, ella perseveró y su capacidad académica le permitió lograr el primer puesto en su promoción en Física.
En 1884 obtuvo su segundo título e inició su carrera científica con una investigación sobre las propiedades magnéticas del acero. En este periodo conoce a Pierre Curie, su futuro esposo, con quien compartía intereses científicos y le abriría el acceso a un laboratorio para sus investigaciones. Ese mismo año regresó a Varsovia con la ilusión de conseguir un puesto académico en una universidad de su país, pero su contratación fue rechazada por ser mujer. Alentada por Pierre regresa a París para obtener un doctorado.
Trabajó junto a su esposo en un cobertizo frío, húmedo y sin ventilación. No contaba con recursos ni apoyo. Nuevamente su perseverancia da frutos y en 1903 obtuvo el Nobel de Física.
En 1909 la Universidad de París y el Instituto Pasteur fundaron el Instituto del Radio que se organizó en dos grandes pilares: el Pabellón Pasteur y el Pabellón Curie. Este último, era dirigido por Marie Curie y dedicado a la investigación física y química, semilla del futuro Instituto Curie. El Instituto del Radio abrió un espacio de inclusión poco común para las mujeres: entre 1906 y 1934, ellas conformaban entre el 25% al 30% del personal científico, una cifra sin precedentes para su época. Marie Curie abrió las puertas de los laboratorios, facilitó becas y pasantías a mujeres investigadoras; se preocupó de apoyar a científicas extranjeras que en sus países vivían restricciones para que pudieran alcanzar una formación de más alto nivel.
En 1911 su candidatura a la Academia de Ciencias de Francia fue rechazada a favor de un hombre, pero ese mismo año recibió su segundo Nobel en Química.
Luego de la Primera Guerra Mundial, ante las dificultades económicas para mantener el instituto, Marie Curie utilizó su prestigio para movilizar a la sociedad civil, a los filántropos e industriales. En 1921, desarrolló una campaña con mujeres norteamericanas lo que le permitió adquirir un gramo de radio puro para continuar las investigaciones.
Curie estaba convencida que la ciencia debía construirse sin fronteras ni exclusiones. Desde esa convicción integró la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones, consolidando al Instituto del Radio como un faro de pacifismo, diplomacia científica e igualdad de oportunidades.
Más allá del mundo científico, en su círculo familiar, fue un pilar para la formación de sus hijas. Su esposo muere en 1906, lo que significó un gran golpe al perder a su amigo y compañero de investigaciones. Ella siguió adelante con su trabajo y aunque no podía pasar mucho tiempo con sus hijas, se preocupó de que tuvieran una buena educación. Iréne obtendría el Nobel de Química en 1935 y Eve sería escritora, corresponsal de guerra y activista por los derechos humanos.
La Masonería Femenina honra en Marie Curie no sólo a la mujer que logró superar barreras, sino también a quién abrió oportunidades a las mujeres de su tiempo en el campo de la investigación científica. Su vida nos recuerda que la educación ensancha el horizonte de las mujeres. Su ejemplo es una inspiración para nuestro trabajo construyendo un mundo más equitativo y justo.
María Carla Morales, Logia Kimsa Warmi N°39 de Iquique.


