Día Mundial contra el Trabajo Infantil

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Día Mundial contra el Trabajo Infantil

Cada 12 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una fecha que invita a reflexionar sobre una realidad que continúa afectando a millones de niños, niñas y adolescentes, privándolos de derechos esenciales para su desarrollo pleno.

La protección de la infancia encuentra uno de sus pilares fundamentales en la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. Este instrumento reconoce a niños y niñas como sujetos plenos de derechos y establece, en su artículo 32, la obligación de los Estados de protegerlos contra la explotación económica y contra cualquier trabajo que pueda entorpecer su educación, perjudicar su salud o afectar su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.

Este compromiso fue reforzado posteriormente mediante los convenios de la Organización Internacional del Trabajo, especialmente el Convenio N.º 138 sobre la edad mínima de admisión al empleo y el Convenio N.º 182 sobre la prohibición y eliminación inmediata de las peores formas de trabajo infantil.

Sin embargo, el trabajo infantil no puede comprenderse únicamente como una infracción normativa, pues detrás de cada caso convergen fenómenos estructurales como la pobreza, la exclusión social, la desigualdad de oportunidades, los desplazamientos forzados y las dificultades de acceso a una educación de calidad. Por ello, su erradicación exige una respuesta que trascienda las leyes y comprometa a la sociedad en su conjunto.

Sin ocupar titulares con la frecuencia que merece, el trabajo infantil persiste en campos, talleres, mercados y calles de todo el mundo. Detrás de cada estadística hay una historia silenciosa: manos demasiado pequeñas para cargar responsabilidades tan grandes, jornadas que sustituyen aprendizajes y sueños postergados por necesidades inmediatas. La infancia, que debería ser el tiempo de la pregunta, del descubrimiento y del asombro, se ve reducida entonces a una prematura lucha por la subsistencia.

Quizás por ello esta fecha trasciende el ámbito de las leyes, las políticas públicas y los compromisos internacionales, y nos recuerda que una sociedad se revela también en aquello que permite perder a sus niños, allí donde el juego es reemplazado por el trabajo, donde la curiosidad cede ante la necesidad y donde el futuro se estrecha antes de comenzar, algo esencial se desvanece silenciosamente. La pregunta permanece abierta ¿qué futuro estamos construyendo cuando aún hay infancias que deben renunciar demasiado pronto a la posibilidad de imaginarlo?

Belén A. Bascuñán Berríos, Corresponsal Logia Mediodía N°49 de Santiago, la primera Logia diurna de la GLFCH.