Maternar en libertad: amor, corresponsabilidad y construcción del ser

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    En este Día de la Madre, rendimos un homenaje profundo y sincero a todas aquellas personas que -desde el amor, la entrega y la sabiduría cotidiana- sostienen la vida y acompañan su desarrollo. Ser madre no es solo un acto biológico: es una construcción diaria de cuidado, formación y guía, que trasciende generaciones y deja huellas invisibles, pero imborrables en la humanidad.

    Esta conmemoración tiene sus raíces en distintas tradiciones. En el mundo contemporáneo, su origen se vincula a la iniciativa de Anna Jarvis en Estados Unidos, quien en 1908 impulsó una celebración en honor a su madre,Ann Reeves Jarvi.

    En 1914, el presidente Woodrow Wilson oficializó el “Mother ‘s Day” como una festividad nacional (Library of Congress; U.S. National Archives). En Chile, el Día de la Madre se celebra oficialmente el segundo domingo de mayo, aunque el Decreto Supremo Nº1.110 de 1976 fijó el 10 de mayo como fecha original (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile).

    Más allá de su historia formal, esta fecha invita a reconocer que la maternidad ha evolucionado hacia un rol compartido. Hoy entendemos que criar, educar y acompañar no es una tarea exclusiva de una sola persona, sino un tejido colectivo donde participan madres, padres, familias diversas y comunidades. Este enfoque no resta valor al rol materno, sino que lo dignifica al situarlo en un espacio de corresponsabilidad, justicia y equilibrio.

    Desde una mirada reflexiva inspirada en la Masonería, la maternidad puede comprenderse como una expresión de la construcción interior y del perfeccionamiento del ser. Así como la mujer iniciada trabaja en su evolución, las madres —y quienes comparten su rol— participan en la formación del ser humano, guiando su desarrollo ético, emocional y espiritual. Este proceso no es impositivo, sino amoroso; no es autoritario, sino orientador. La maternidad, en este sentido, representa un acto de iniciación constante: enseñar a mirar el mundo con discernimiento, cultivar la virtud, practicar la tolerancia y fomentar la libertad responsable. Valores profundamente coherentes con los principios masónicos de libertad, igualdad y fraternidad.

    En un mundo marcado por el ruido, la prisa y la fragmentación, el rol materno —en su sentido más amplio— nos recuerda la importancia del cuidado consciente, del silencio que escucha y de la palabra que guía. Nos invita a volver a lo esencial: la formación de seres humanos íntegros, capaces de construir una sociedad más justa y luminosa.

    Hoy agradecemos no solo a las madres, sino también a quienes han asumido ese rol con amor y compromiso. Porque maternar es, en esencia, un acto de humanidad que trasciende géneros y, aunque históricamente se ha limitado a la mujer como un «rol natural», en la actualidad se entiende como una construcción cultural que puede ser asumida de diversas maneras. Se busca que la maternidad sea una opción deseada y autónoma, basada en la equidad y no en una obligación impuesta. La maternidad moderna busca liberarse de los estereotipos de género para convertirse en una forma de amar y cuidar compartida, profundamente consciente y responsable con el ser y la individualidad del hijo/a.

    Karin Triviño Reyes, Logia Egrégora N°38 de Santiago.
    Departamento de Género GLFCH.