Empoderar a las niñas es construir un futuro más justo y sostenible

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empoderar a las niñas

Más de 600 millones de niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años que habitan el planeta constituyen la mayor cohorte de la historia por lo que su bienestar y desarrollo son determinantes para el futuro global.

Cada 11 de octubre, el mundo conmemora el Día Internacional de la Niña, establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2011 como un llamado urgente a visibilizar los desafíos que enfrentan y a promover su empoderamiento y derechos humanos.
El progreso hacia la igualdad de género es inseparable de los derechos de las niñas, quienes con frecuencia sufren las consecuencias de la discriminación, la violencia y la falta de oportunidades. Estas desigualdades se expresan en múltiples dimensiones que atraviesan sus vidas.

Más de 230 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a mutilación genital femenina, en su mayoría antes de los 15 años (Unicef 2024), con consecuencias físicas y psicológicas irreparables.

El matrimonio infantil persiste como una crisis global: se estima que 640 millones de mujeres se casaron antes de los 18 años (Unicef y ONU Mujeres), lo que significa que cada tres segundos una niña en algún lugar del mundo es forzada a contraer matrimonio, quedando expuesta a violencia y exclusión educativa. A esto se suma la violencia sexual que afecta a más de 370 millones de niñas y adolescentes en el planeta, quienes fueron víctimas de abusos antes de los 18 años (Unicef 2024), en América Latina y el Caribe esta cifra alcanza a 45 millones, es decir, el 18% del total global.

En el ámbito de la salud y la reproducción, el embarazo adolescente se mantiene como una de las principales causas de mortalidad juvenil, estrechamente ligado a la falta de acceso a educación y servicios de salud sexual y reproductiva. El VIH/Sida también golpea con fuerza a las niñas y adolescentes: en África subsahariana, las mujeres jóvenes entre 15 y 24 años representan el 63% de las nuevas infecciones (ONU SIDA) lo que refleja una vulnerabilidad estructural y persistente.

En materia educativa, aún se registran tasas de abandono escolar cercanas al 20% en el primer ciclo de secundaria y al 40% en el segundo, (Unicef, Unesco,2024), lo que se traduce en pérdidas de oportunidades para toda la vida. Esta exclusión se amplía con la brecha digital, pues en los países de bajos ingresos cerca del 90% de las adolescentes no accede a internet (Unicef-UIT; Unión Internacional Telecomunicaciones) mientras sus pares varones duplican las probabilidades de conectarse. A todo ello se suma la carga del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, limitando su tiempo de estudio, juego y socialización, perpetuando así los estereotipos de género que condicionan el futuro de las mujeres.

A pesar de este panorama, el Día Internacional de la Niña también invita a reconocer avances que muestran que el cambio es posible. La inversión en políticas públicas eficaces ha generado resultados concretos. En Chile, por ejemplo, las estrategias de prevención han logrado reducir al mínimo la transmisión del VIH de madre a hijo, con cifras inferiores al 2% en los últimos tres años. Asimismo, las tasas de embarazo adolescente han alcanzado niveles históricamente bajos gracias a la ampliación del acceso a anticoncepción y a los programas de educación sexual integral. Estos logros demuestran que cuando se brinda información, herramientas y espacios de decisión a las niñas, ellas son capaces de construir proyectos de vida más libres y saludables, y de convertirse en lideresas, emprendedoras y agentes de cambio en sus comunidades (fuente; Minsal, Diprece ONU-Sida, OPS).

El Día Internacional de la Niña es, por tanto, una ocasión no solo para reflexionar sobre los desafíos que persisten, sino también para celebrar la resiliencia y el potencial transformador de las niñas en todo el mundo. Invertir en sus derechos y oportunidades es una cuestión de justicia, pero también una estrategia comprobada para alcanzar un desarrollo sostenible y equitativo.

Desde la Masonería Femenina reconocemos que esta conmemoración trasciende lo estadístico. Desde nuestros principios como masonas debemos alzar la voz para exigir leyes más justas y sistemas de protección que garanticen la justicia y la reparación a las víctimas. Cuestionamos los estereotipos de género que se perpetúan desde los 5 años de edad en las niñas, limitando el tiempo de estudio, juego y potencial. Como masonas, debemos reflejar esto comprometiéndonos en proyectos que empoderen a las niñas, las conviertan en «lideresas, emprendedoras y agentes de cambio». Alzar la voz como Masonas significa transformar la reflexión en una acción concreta y sostenida, garantizando que el potencial de las niñas no sea silenciado por la injusticia, sino empoderado por la luz de la razón y la ética.

Por Verónica Ariela Barría Jerez, Departamento de Género GLFCH.