Violeta Parra: arte, rebeldía y ejemplo eterno de mujer

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Violeta Parra

A 108 años de su nacimiento, la figura de Violeta Parra permanece como un símbolo de lucha, rebeldía y creación. Su vida y obra representan la voz de un pueblo y la fuerza de una mujer que rompió moldes en una sociedad marcada por el patriarcado.

Violeta del Carmen Parra Sandoval nació el 4 de octubre de 1917 en San Fabián de Alico, Región de Ñuble. Hija de un maestro de escuela y músico, y de una modista, tejedora y cantora campesina, creció en un hogar humilde donde la música y el arte popular eran parte de la vida cotidiana. A los nueve años aprendió a tocar guitarra y a los doce ya componía sus primeras canciones. Desde muy joven cantó en circos, estaciones de trenes y plazas públicas para ayudar al sustento familiar.

Violeta vivió en tiempos donde las mujeres estaban relegadas al ámbito doméstico, pero su carácter apasionado, libre y creativo desafió esa forma de vida. No se conformó con una vida tradicional: investigó, cantó, viajó y creó con la firme convicción de que el arte era una forma de dignificar al pueblo chileno.

Su talento no se limitó a la música. Violeta también fue artista plástica, destacando en arpilleras, cerámicas, esculturas en greda y alambre, y pinturas. En 1964 alcanzó un hito histórico al convertirse en la primera mujer hispana en exponer en el Museo del Louvre, donde presentó sus arpilleras en el pabellón Marsan.

Su música es poética, profunda y, a la vez, combativa. Destacó gran creación: “Gracias a la vida” que se transformó en un himno universal que celebra el amor, la vida y la resiliencia frente al dolor. Con su guitarra, Violeta no solo cantó: denunció, resistió y defendió la identidad cultural de Chile y de América Latina.

El 5 de febrero de 1967, a los 50 años, Violeta Parra decidió poner fin a su vida en Santiago. Su partida dejó un vacío irreparable, pero su voz, su arte y su rebeldía continúan inspirando a nuevas generaciones de mujeres y artistas.

El escritor Eduardo Galeano, en “Los hijos de los días”, retrató la unión inseparable entre Violeta y su guitarra con estas palabras:

“Habían crecido juntas, la guitarra y Violeta Parra.
Cuando una llamaba, la otra venía.
La guitarra y ella se reían, lloraban, se preguntaban, se creían.
La guitarra tenía un agujero en el pecho.
Ella también.”

Escrito por Catalina Bau Aedo, Logia Ayün N°4 de Santiago.