
Cada 01 de octubre se conmemora el Día del Adulto Mayor, fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas con el propósito de reconocer la dignidad, el valor intrínseco y el invaluable aporte que las personas mayores realizan a la sociedad, así como de promover el respeto y la valoración de esta etapa fundamental de la vida.
Esta efeméride recuerda que las personas mayores son la memoria viva de los pueblos. En ellas se preservan las experiencias, los aprendizajes y las enseñanzas que solo el transcurso del tiempo es capaz de otorgar. Su presencia constituye un puente esencial entre el pasado y el presente, permitiendo la transmisión de valores, costumbres y principios que fortalecen la convivencia y consolidan la identidad colectiva.
Más que un simple recordatorio, esta conmemoración se presenta como una oportunidad para detener el ritmo cotidiano y contemplar con gratitud la extensa travesía de quienes han forjado su vida con constancia, entrega y perseverancia. En sus historias se reconoce la sabiduría serena y discreta que, sin estridencias, ha contribuido de manera profunda a la construcción de la sociedad actual. Valorar a las personas mayores es, en esencia, un acto de justicia y respeto; un reconocimiento sincero a la huella imborrable que han dejado en sus familias, en sus comunidades y en la memoria compartida.
Esta fecha convoca, asimismo, a reflexionar sobre la responsabilidad social de resguardar su dignidad, promover su plena inclusión y garantizar el ejercicio efectivo de sus derechos. Es un llamado a construir una sociedad más consciente y solidaria, capaz de honrar cada etapa de la vida y de acoger con respeto el legado humano que las personas mayores entregan con generosidad y experiencia.
Que el Día del Adulto Mayor sea una ocasión para detener la marcha y reconocer la riqueza que otorgan los años vividos; para que el respeto, la gratitud y la consideración hacia quienes han recorrido antes el camino se expresen no solo en palabras, sino también en acciones concretas que honren su dignidad. Así, al valorar la memoria y la sabiduría que portan, se fortalece el compromiso de construir una sociedad más humana, fraterna y profundamente respetuosa del tiempo y de la vida.
Adriana Fu, Corresponsal Logia Quiyalla Quich’ata N°45 de Arica.


