Día Mundial del Arte: el legado de Leonardo da Vinci y el poder transformador de la creatividad

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    Leonardo da Vinci vino al mundo el 15 de abril de 1452 y es en su honor que cada año en esta fecha se conmemora el Día Mundial del Arte. La iniciativa nació desde la Asociación Internacional de Artes Plásticas (IAA) en 2012, pero recién en 2019 la Unesco reconoció oficialmente la celebración que busca no solo celebrar lo bello, sino dar forma a un lenguaje universal y simbólico.

    Este día no solo marca una jornada en el calendario de colores artísticos, sino que responde a objetivos más profundos: promover la creatividad en todas sus formas, fomentar la diversidad cultural, impulsar la educación artística, defender la libertad de expresión y relevar el arte como herramienta de reflexión social y política. 

    Actualmente, el arte no se limita a la pintura o escultura, como en décadas anteriores. Hoy se incluyen artes visuales como el dibujo, el grabado y la fotografía; incorpora también las artes escénicas como la danza, el teatro y la performance. A ello se suma la música, la literatura, el cine, la arquitectura y las artes digitales y contemporáneas. Asimismo, se reconocen expresiones como el arte urbano, conceptual y político. 

    Este día es un viaje para explorar aquello que no siempre puede decirse de forma directa: identidad, poder, memoria, dolor y belleza, conflictos sociales y espiritualidad. Una fecha que instala la idea de que el arte no es accesorio, sino estructural en la construcción de sociedad. Tal es el caso de América Latina y, particularmente en Chile, donde el arte ha sido símbolo de denuncias, memoria, resistencia y también ritual.  

    Una jornada que evoca a grandes pilares del imaginario artístico global, figuras simbólicas y referentes universales como Pablo Picasso, Vicente van Gogh, Miguel Ángel y el propio Leonardo da Vinci.

    Leonardo Da Vinci, un constructor de luz
    Da Vinci, desde joven, fue un erudito en las artes: un buscador del conocimiento, un artista que revela verdades ocultas, un científico que observa y cuestiona; un hombre que une lo visible con lo invisible. Un adelantado para su siglo. En su trabajo no separó disciplinas, sino que se mantuvo en una búsqueda constante e integral de la verdad. 

    El “Hombre del Vitruvio”, es una de sus obras más simbólicas. En ella desarrolla una armonía entre la geometría y la proporción: la figura perfecta del cuerpo humano inscrita en un círculo y un cuadrado. Es, sin duda, la idea del hombre como Templo. 

    Asimismo, su obsesión por la proporción, el diseño y la estructura refleja una visión de un universo regido por leyes armónicas que pueden ser comprendidas y replicadas. No se trata solo de estética, sino de orden: una forma de leer el mundo como una arquitectura invisible, donde todo responde a un principio superior de equilibrio. En esa lógica, la figura del “Gran Arquitecto del Universo” -tan presente en la tradición simbólica- deja de ser una abstracción para convertirse en una clave de interpretación: el arte como una vía para descifrar ese diseño. 

    El arte, como la Masonería, no está hecho para ser consumido pasivamente, sino para ser descifrado. Y es ahí donde Leonardo da Vinci se transforma en un constructor de luz: un arquetipo de quien interpreta la realidad de forma distinta y cuestiona, permanentemente, lo evidente. 

    El 15 de abril trasciende la conmemoración del nacimiento de Leonardo da Vinci para convertirse en un recordatorio vigente: el arte no solo se observa, se comprende. Y en esa comprensión, se revela como una herramienta capaz de interpretar la realidad y también de transformarla. 

    Marie-Astrid Stock De La Cerda, Corresponsal Logia Cantera del Maipo N°43 de Buin.