Las primeras universitarias en Chile

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primeras universitarias en Chile

El 6 de febrero marca un hito en la historia para las mujeres de nuestro país. Ese día, en 1877 y bajo el mandato del presidente Aníbal Pinto, se promulgó el decreto denominado Amunátegui mediante el cual se permitía el ingreso de las mujeres a la educación universitaria.

Hasta antes de 1877, los estudios superiores solo eran para los hombres. Las mujeres debían conformarse con cursar estudios primarios. El propósito del decreto Amunátegui fue estimular en las mujeres el anhelo de ejercer profesiones y tener los medios para la autosubsistencia. La partida fue lenta, pero diez años después Eloísa Díaz se convertía en la primera médica chilena y en 1892 se titulaba la primera abogada nacional, Matilde Throup.

Ninguna de ellas, sin embargo, fue la primera en partir el camino a la graduación. El 24 de febrero de 1810, cuando tenía 11 años, María Dolores Egaña Fabres aprobó los exámenes de ingreso a la Real Universidad de San Felipe, que funcionaba en lo que hoy es el Teatro Municipal de Santiago. Entró a la facultad de Filosofía con el apoyo de sus padres, Victoria Fabres y Juan Egaña. Debido al contexto de Chile, en medio del proceso de independencia, María Dolores no logró graduarse. Javiera Carrera, conociendo este caso dijo: “Ya se van a ver muchas Dolores”.

A principios del siglo XX, el ingreso de las mujeres a educación universitaria alcanzaría sólo el 0,14%, entre 1900 y 1960 apenas el 2% de los estudiantes universitarios era mujer. Desde esa década comenzaría a aumentar el ingreso femenino a las universidades, Entre 2000 y 2025 se alcanzó al 52,6%. Ello es especialmente relevante considerando que, según datos de CAPLES UC, en 2022 el 47% de la población de entre 25 y 34 años posee estudios superiores.

Sin embargo, persiste en Chile lo que se llama segregación horizontal con menor presencia en áreas técnicas y segregación vertical que es la baja representación en cargos de alto mando. Dos grandes desafíos.

El ingreso de las mujeres en los ámbitos universitarios y académicos resulta un avance exponencial en lo cultural, intelectual y medios económicos. Durante siglos las mujeres han sido excluidas de los ámbitos públicos, bajo múltiples justificaciones. Terminar con esa brecha es estar conscientes denque el camino se prepara también para las que vendrán a seguirlo. Como Marie Deraismes, primera mujer iniciada en 1893 “la puerta abierta no se cerrará y toda una legión me seguirá”, palabras que resuenan hoy en la tarea de impulsar la igualdad de género.

Para la Masonería Femenina, son principios de base, la búsqueda del librepensamiento, la defensa de la educación laica y humanista como motores de la igualdad en contextos como el actual, donde resulta imperativo defender el librepensamiento y la fraternidad.

Escrito por Violeta Limardo Román, Departamento de Género GLFCH.
Foto: Memoria Chilena – Portada Revista Eva «Ceremonia de Graduación de enfermeras universitarias«.