Ley de sufragio femenino abrió el camino para nuestros derechos

0
505
ley de sufragio femenino

Hoy recordamos el camino hacia el voto femenino, un proceso que estuvo lejos de ser sencillo y que fue el resultado de décadas de lucha, organización y convicción de mujeres valientes que exigieron su lugar en la democracia.

Lo que hoy parece un derecho natural, fue una conquista política largamente postergada. Desde el primer avance en las elecciones municipales de 1934 hasta la consagración plena del derecho a voto en 1949, las mujeres chilenas debieron enfrentar resistencias sociales, culturales y políticas para ser reconocidas como sujetos de derechos civiles y políticos.

Hitos clave del proceso
8 de enero de 1934 – Ley Nº5.357:
Se aprueba el derecho a voto de las mujeres en elecciones municipales. Este primer paso fue posible gracias a la presión sostenida de organizaciones feministas y al liderazgo de mujeres como Elena Caffarena y Amanda Labarca, figuras fundamentales del movimiento feminista chileno.

14 de enero de 1949 – Ley Nº9.292:
Se publica en el Diario Oficial la ley que extiende el derecho a voto de las mujeres a las elecciones presidenciales y parlamentarias, marcando un triunfo histórico del movimiento feminista chileno y consolidando el principio de sufragio universal.

Año 1952:
Por primera vez, las mujeres ejercen su derecho a voto en una elección presidencial, que puso en el cargo a Carlos Ibáñez del Campo.

Este logro fue el resultado de una larga y persistente lucha de organizaciones feministas y sociales, entre ellas la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), que articularon demandas políticas, sociales y educativas en favor de la igualdad de derechos.

Desde la Masonería Femenina, recordamos esta efeméride como una expresión concreta de los valores de Libertad, Igualdad y Justicia, pilares que también orientan nuestro trabajo iniciático y social. Honrar la conquista del sufragio femenino es reconocer la fuerza transformadora de la organización colectiva de las mujeres y reafirmar nuestro compromiso con una democracia sustantiva, donde los derechos conquistados se defienden, se profundizan y se proyectan hacia las generaciones futuras.

Escrito por Karen Carrasco Cid, Departamento de Género GLFCH.